El santo nombre: una herencia para toda la vida

 

Queridos hermanos, hay cosas que recibimos de nuestros padres que permanecen con nosotros durante toda la vida. Recibimos una casa, unas costumbres, una educación, una herencia familiar; pero hay algo que recibimos desde el comienzo de nuestra existencia y que llevamos hasta la muerte: nuestro nombre. 👶🏻

Y nuestros antepasados comprendían que un nombre no debía escogerse simplemente por gusto, por moda o por capricho. El nombre podía convertirse en una enseñanza, en un recuerdo y hasta en una invitación constante a practicar una virtud. 🕊️

Por eso encontramos entre los antiguos nombres como Víctor, que recuerda la victoria; Pío, que recuerda la piedad; Casto, que recuerda la pureza; Probó, que recuerda la rectitud. Entre los griegos encontramos nombres como Eusebio, Sofronio y Teófilo.

El niño que recibía uno de estos nombres tenía delante de sí una enseñanza: «Vive de acuerdo con aquello que tu nombre significa».

👼🏻 Un nombre puede recordarnos a Dios

Entre el pueblo de Dios encontramos todavía una consideración más elevada.

Muchos nombres del Antiguo Testamento estaban relacionados con Dios. Tenemos a Samuel, Abdías, Zacarías, Isaías y Eliseo. Y también encontramos los nombres de los santos Arcángeles: Miguel, Gabriel y Rafael.

¡Qué hermoso es que el nombre de una persona pueda recordarle durante toda su vida que pertenece a Dios! ✝️

El nombre no salva por sí mismo. No basta llamarse como un santo para vivir como él. Pero puede convertirse en un recuerdo permanente de la vocación que tenemos delante de Dios.

Si una persona lleva el nombre de un santo, puede preguntarse:

«¿Estoy procurando imitar las virtudes de aquel cuyo nombre llevo?»

Si lleva el nombre de un mártir:

«¿Tengo la fortaleza necesaria para permanecer fiel a Cristo?»

Si lleva el nombre de una santa conocida por su pureza:

«¿Estoy guardando mi corazón para Dios?»

Si lleva el nombre de un santo conocido por su caridad:

«¿Estoy tratando con amor a quienes Dios ha puesto a mi lado?»

🌿 San Juan Bautista: un nombre escogido por Dios

Esto se comprende todavía mejor en el nacimiento de san Juan Bautista.

Cuando llegó el momento de ponerle nombre, quienes estaban presentes se sorprendieron al escuchar que sería llamado Juan, porque aquel nombre no correspondía a la tradición familiar que esperaban.

Pero Dios tenía un designio particular para aquel niño.

Juan no había venido al mundo para continuar simplemente una tradición familiar. Había sido elegido para una misión extraordinaria: preparar el camino del Señor. 📖✝️

Y su nombre mismo estaba relacionado con la misericordia de Dios.

¡Qué enseñanza para nosotros!


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