😴 El sueño engañoso de la sensualidad

Los desdichados que se entregan a los placeres deshonestos, aunque pasen los días y las noches en sus vicios y deleites, permanecen siempre insatisfechos.

🔄 Son como el cubo que, después de sacar agua, vuelve a bajar al pozo tirando de la cuerda, sin encontrar nunca una satisfacción duradera en sus placeres impuros. Así les dura la sed hasta la muerte.

San Isidoro escribe también acerca de otra especie de áspid, llamada Hypnalis, que mata mientras la víctima duerme. De su veneno se valió la reina Cleopatra para no sentir la muerte.

De manera semejante actúa el vicio de la sensualidad: provoca en quienes envenena un sueño tan profundo que los mantiene embelesados y como dormidos.

⚠️ Aunque cada día los vaya consumiendo y arrebatándoles la vida espiritual, no advierten el daño que sufren.

🥛 La astucia del pecado para engañar al alma

La sensualidad trata a estos desdichados con la misma astucia con que la mujer hebrea Jael engañó a Sísara, capitán del ejército enemigo, cuando le dio leche para adormecerlo.

De esta manera, una sola mujer acabó con la vida de aquel a quien no había podido vencer todo un ejército.

🔥 Lo mismo hace este vicio con quienes se entregan a los placeres deshonestos: los adormece con sus deleites para quitarles la vida espiritual sin que apenas se den cuenta.

El demonio llega a destruir de esta manera a muchas almas fuertes que se habían defendido valerosamente de otros vicios. Después de una larga y esforzada resistencia, terminan sucumbiendo por la mirada o las caricias de una mujer deshonesta.

🐍 El veneno que se esparce por las palabras y las apariencias

Estas mujeres pueden compararse con el áspid llamado Prester, del cual dice también san Isidoro que anda siempre con la boca abierta, esparciendo veneno.

Así obran algunas mujeres perversas con sus palabras, sus acciones, sus afeites, sus vestidos y sus peinados, tanto dentro como fuera de casa.

⛪ Y lo que resulta aún más intolerable, según el texto, es que incluso estando en los templos continúan esparciendo su veneno.

☠️ El veneno que destruye y consume

Tampoco falta en este vicio el veneno del áspid llamado Seps, que, según san Isidoro, consume y mata a la persona a la que muerde.

Pregúntese a tantos hombres que, como dice el Espíritu Santo, perecen por el poder de la mujer, y ellos dirán si esta los deja reducidos a huesos.

💔 El sufrimiento del hombre dominado por la pasión

¿De qué artificios no se vale una mujer para afligir y atormentar a un hombre después de verlo rendido a su pasión?

¿Qué amarguras y pesadumbres no le causa? ¿Qué tributos y contribuciones deja de cobrar de su hacienda y de su gusto?

¿Con qué cargas no lo fatiga y atormenta, sometiendo su sufrimiento a continuas pruebas, a costa de su salud y de su vida?

⚠️ Porque, así como el áspid es maligno por la fuerza de su veneno, también lo es la sensualidad por sus efecto.

🐍 El veneno de la sensualidad

La sensualidad hace que muchos no sientan sus dolores, no porque no los padezcan, sino porque tienen el sentido pervertido, como quien está sumido en un profundo letargo. Así, no perciben la malicia ni el peligro de los daños que sufren.

⚠️ ¡Y a cuántos les sucede la temerosa y lamentable desgracia de despertar de ese letargo cuando ya están en el infierno!

💧 La sed insaciable de los placeres deshonestos

San Isidoro escribe acerca de otra especie de áspid, llamada Dipsas, cuya mordedura provoca una sed tan intensa que, por más que la persona beba, no puede apagarla hasta que finalmente muere.

Por sus efectos, los latinos la llaman Situla, palabra que significa cubo para sacar agua. Así como este se sumerge continuamente en el pozo y al final queda vacío, también quienes son mordidos por esta serpiente nunca pierden la sed, aunque beban sin cesar.

💔 Esta es una de las principales propiedades del veneno de la sensualidad: a quien muerde lo deja con una sed tan insaciable que, por mucho que beba, nunca queda satisfecho.

Los desdichados que se entregan a los placeres deshonestos, aunque pasen los días y las noches en sus vicios y deleites, permanecen siempre insatisfechos.

🔄 Son como el cubo que, después de sacar agua, vuelve a bajar al pozo tirando de la cuerda, sin encontrar nunca satisfacción en sus placeres impuros. Así les dura la sed hasta la muerte.

😴 El sueño engañoso de la sensualidad

San Isidoro escribe también acerca de otra especie de áspid, llamada Hypnalis, que mata mientras la víctima duerme. De su veneno se valió la reina Cleopatra para no sentir la muerte.

De manera semejante actúa el vicio de la sensualidad: provoca en quienes envenena un sueño tan profundo que los mantiene embelesados y como dormidos.

⚠️ Aunque cada día los vaya consumiendo y arrebatándoles la vida, no advierten el daño que sufren.

🥛 La astucia del pecado para engañar al alma

La sensualidad trata a estos desdichados con la misma astucia con que la mujer hebrea Jael engañó a Sísara, capitán del ejército enemigo, cuando le dio leche para adormecerlo. De esta manera, una sola mujer acabó con la vida de aquel a quien no había podido vencer todo un ejército.

🔥 Lo mismo hace este vicio con quienes se entregan a los placeres deshonestos: los adormece con sus deleites para quitarles la vida espiritual sin que apenas se den cuenta.

El demonio llega a destruir de esta manera a muchas almas fuertes que se habían defendido valerosamente de otros vicios. Después de una larga y esforzada resistencia, terminan sucumbiendo por la mirada o las caricias de una mujer deshonesta.

🐍 El veneno que se esparce por las apariencias

Estas mujeres pueden compararse con el áspid llamado Prester, del cual dice también san Isidoro que anda siempre con la boca abierta, esparciendo veneno.

Así obran algunas mujeres perversas con sus palabras, sus acciones, sus afeites, sus vestidos y sus peinados, tanto dentro como fuera de casa.

⛪ Y lo que resulta aún más intolerable, según el texto, es que incluso estando en los templos continúan esparciendo su veneno.

☠️ El veneno que consume y destruye

Tampoco falta en este vicio el veneno del áspid llamado Seps, que, según san Isidoro, consume y mata a la persona a la que muerde.

Pregúntese a tantos hombres que, como dice el Espíritu Santo, perecen por el poder de la mujer, y ellos dirán si esta los deja reducidos a huesos.

🐍 La sensualidad y la astucia del áspid

La sensualidad se parece al áspid no solo por su veneno, sino también por la astucia con que este se defiende de los cazadores.

San Isidoro escribe que los áspides, cuando reconocen por instinto natural a quienes se acercan para encantarlos y hacerlos salir de sus cuevas mediante ciertas palabras, se protegen contra esa estrategia con otra artimaña.

Para ello, apoyan una de sus orejas firmemente contra el suelo y se tapan la otra con la punta de la cola. De esta manera, no oyen las palabras del encantamiento y evitan que estas surtan efecto.

🙉 De manera semejante, las personas entregadas a los placeres deshonestos se niegan a escuchar las advertencias de los predicadores y confesores, que intentan hacerlas salir de las cuevas de sus pecados.

Cierran una oreja apoyándola en la tierra, es decir, en el fango de sus propios deleites, y tapan la otra con la esperanza de disponer de una larga vida para seguir disfrutando de ellos.

Por eso, los sermones no producen en estas personas mayor efecto que si se predicaran en un desierto.

⚠️ De ellas abomina el Señor, como expresa el salmista, porque su obstinación ha llegado a tal extremo que se hacen sordas y se tapan los oídos como el áspid.

🐍 El veneno de la sensualidad penetra hasta el corazón

La sensualidad no se parece únicamente al veneno del áspid, sino también al de las demás serpientes.

La mordedura de la víbora introduce el veneno en el cuerpo de la víctima y lo conduce rápidamente hacia el corazón. Cuando llega allí, sobrevienen la angustia y los síntomas terribles que preceden a la muerte.

💔 Lo mismo sucede con el veneno de la sensualidad: entra por los ojos o por los oídos y avanza hasta el corazón. Cuando llega a él, aparecen las angustias y los sufrimientos, hasta dejar a la persona al borde de la muerte espiritual.

Así sucedió con Absalón por la pasión que sintió hacia Tamar, su hermana, y con otros muchos de los que se habló en los capítulos anteriores.

No hay veneno de víbora que pueda envenenar tan rápidamente el corazón humano como un deseo sensual cuando se le permite entrar en él.

☠️ El basilisco: el veneno mortal de la mirada

El veneno del basilisco representa de manera especial este vicio, pues, según escribe san Isidoro, es el rey de las demás serpientes debido a que su veneno es el más mortífero y actúa con mayor rapidez.

Su efecto es tan repentino que, según las antiguas creencias recogidas en el texto, mata a los hombres con solo mirarlos y a los animales con su silbido.

Es de cuerpo pequeño y está cubierto de manchas y rayas blancas, pero su veneno ejerce un poder tan grande que ni siquiera las aves que vuelan consiguen escapar de él: las derriba muertas a sus pies.

Cerca de su cueva no crece ninguna planta verde, porque la fuerza de su veneno seca, destruye y consume todo cuanto encuentra.

👁️ La sensualidad representada en el basilisco

¿Qué otra cosa es una mujer vestida de sensualidad, según la comparación del autor, sino un basilisco en medio de la sociedad?

¿De qué otra serpiente o fiera reciben los hombres daños mayores y más continuos?

El texto compara las manchas blancas de los afeites y maquillajes con las marcas de la piel del basilisco, como si quienes los llevan pretendieran reproducir su apariencia para envenenar con la mirada a cuantos encuentran.

🐍 Según esta comparación, nadie escapa fácilmente de esta fiera venenosa: así como el basilisco mata a los animales con su silbido y a los hombres y las aves con la mirada, la sensualidad puede causar daño de distintas maneras.

A quienes se encuentran cerca de ella, los seduce mediante sus halagos y palabras dulces. A las personas virtuosas y prudentes que evitan su trato, las hiere con la mirada. Incluso quienes se dedican a la contemplación pueden verse afectados algunas veces por su veneno.

🥀 La sensualidad destruye la virtud

Donde habita este basilisco humano, afirma el autor, no queda nada verde ni permanece ningún árbol en su belleza y frescura.

La comparación expresa que, mediante los halagos y las acciones sensuales, se marchita toda virtud y se destruye la honestidad.

⚠️ Así como el veneno del basilisco seca y destruye cuanto lo rodea, el vicio de la sensualidad puede debilitar el alma, oscurecer el entendimiento y conducir a la pérdida de las virtudes cuando la persona se abandona a él.

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