Los ojos pueden llevarnos hacia el bien, pero también pueden convertirse en una puerta por donde entran deseos desordenados. Podemos mirar con pureza o podemos mirar aquello que despierta pasiones y pensamientos que después conducen al pecado.
No basta con decir: «Yo no hago nada malo». También debemos cuidar aquello que voluntariamente permitimos entrar en nuestra mente y en nuestro corazón.
El pecado muchas veces comienza con una mirada, continúa con un pensamiento, después se convierte en deseo y finalmente puede terminar en una acción. Por eso es necesario cortar la ocasión desde el principio. 🛡️

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