Se cuenta que un sacerdote, mientras dormía, fue despertado por un hombre que llegó a buscarlo por mandato de su señor. El sacerdote se levantó y, sin hacer la señal de la cruz, montó en un caballo que le habían preparado.
De repente, ambos fueron arrebatados y conducidos a una gran bodega, donde el sacerdote vio una multitud de demonios sentados a la mesa, celebrando un banquete.
Había allí luminarias colocadas sobre la mesa, y cuando todos entraron, los demonios comenzaron a comer, según acostumbraban. Pero, de pronto, aquellas luces se apagaron y los demonios huyeron precipitadamente, dejando al sacerdote desnudo y solo en aquella bodega de Lombardía, tendido sobre una vasija de vino.

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