San Efrén extrae la existencia del Purgatorio de las palabras de San Pablo:
Es decir:
«¿Qué harán los que se bautizan por los muertos, si los muertos no resucitan?»
Este pasaje ha sido objeto de diversas interpretaciones, pero dentro de la tradición antigua fue relacionado con la cuestión de la suerte de los difuntos y la esperanza de su resurrección.
San Jerónimo y las moradas eternas
San Jerónimo, en la epístola centésima quincuagésima primera, obtiene también noticia de esta verdad a partir de las palabras de Cristo:
«Facite vobis amicos de mammona iniquitatis, ut cum defeceritis, recipiant vos in aeterna tabernacula»,
esto es:
«Haceos amigos con las riquezas de la iniquidad, para que, cuando estas falten, os reciban en las moradas eternas».
Este texto fue entendido en relación con las obras de misericordia y con el beneficio que pueden procurar a quienes las realizan en favor de otros.
El pecado que no se perdona en este mundo ni en el futuro
Asimismo, en el célebre texto de San Mateo, capítulo duodécimo:
«Non remittetur neque in hoc saeculo neque in futuro»,
«No será perdonado ni en este siglo ni en el futuro»,
San Gregorio Magno considera que se hace referencia al artículo del Purgatorio.
La distinción entre lo que puede ser perdonado en este mundo y lo que puede serlo en el futuro fue empleada por la tradición cristiana para explicar la posibilidad de una purificación después de la muerte.
La espada de fuego del Paraíso
La espada de fuego que blandía el querubín encargado de custodiar el Paraíso terrenal es reconocida por Ruperto, abad, como una figura del Purgatorio.
De este modo, el fuego que aparece en las Sagradas Escrituras es interpretado simbólicamente como imagen de aquella purificación por la que deben pasar determinadas almas antes de entrar en la gloria.
El río de fuego de Daniel
En el libro de Daniel se dice que un rápido torrente de fuego salía de la presencia de Dios.
Muchos de los Santos Padres interpretaron aquel río de llamas como una representación del Purgatorio, entendiendo el fuego como símbolo de la justicia y de la purificación divina.
San Pablo y el fuego que prueba las obras
Y, para terminar, es célebre entre los Padres griegos y latinos, para demostrar la verdad del Purgatorio, el texto del Apóstol San Pablo:
«Fundamentum aliud nemo potest ponere praeter id quod positum est, quod est Christus Deus. Si quis autem superaedificat super fundamentum hoc aurum, argentum, lapides pretiosos, lignum, fenum et stipulam, uniuscuiusque opus manifestum erit; dies enim Domini declarabit, quia in igne revelabitur, et uniuscuiusque opus quale sit, ignis probabit. Si eius opus manserit quod superaedificavit, mercedem recipiet. Si eius opus arserit, detrimentum patietur; ipse autem salvus erit, sic tamen quasi per ignem.»
Quiere decir:
«Nadie puede poner otro fundamento fuera del que ya está puesto, que es Jesucristo. Si alguno edifica sobre este fundamento con oro, plata y piedras preciosas, y otros con madera, heno y paja, la obra de cada uno quedará manifiesta. El día del Señor la declarará, porque será revelada por medio del fuego, y el fuego probará cuál sea la obra de cada uno. Si permanece la obra que edificó sobre el fundamento, recibirá recompensa. Si su obra arde, sufrirá pérdida; pero él mismo será salvo, aunque como quien pasa por el fuego».
El fuego que purifica las obras
El fundamento de la Iglesia es Cristo, y sobre este fundamento unos edifican con oro, plata y piedras preciosas; otros, en cambio, colocan madera, heno y paja.
El fuego dará a conocer de qué naturaleza son las obras de cada uno. Unos recibirán recompensa y otros serán salvados pasando por el fuego.
¿Quién no ve en este texto una clara referencia al Purgatorio?
Sobre esta cuestión se podría hablar mucho más extensamente, pero será suficiente por ahora, dejando para otro discurso una explicación más amplia de este célebre pasaje de San Pablo.
La doctrina de Santo Tomás sobre el pecado mortal
Para dar al menos de pasada su lugar a las doctrinas teológicas, enseña Santo Tomás que en el pecado mortal deben considerarse dos formalidades: la aversión del Creador y la conversión a la criatura.
La primera implica un bien infinito e ilimitado; la segunda, un bien limitado y finito.
Por razón de la primera, al pecador que muere sin arrepentimiento ni contrición le está preparada en el Infierno una pena infinita, no en cuanto a su intensidad, porque la criatura no es capaz de soportarla infinitamente, sino en cuanto a su duración, pues el castigo es eterno.
La pena temporal del Purgatorio
Por razón de la segunda, corresponde al pecador una pena finita, porque, así como el bien al que dio la espalda al pecar es infinito, el bien creado al que se volvió y que abrazó es finito.
Si, por tanto, el pecador vuelve a Dios mediante una contrición plena y perfecta, nada le queda ya que pagar ni que padecer por razón de su culpa.
Pero si la contrición no es de todos los quilates, como suele suceder la mayoría de las veces, permanece todavía una deuda que satisfacer por la segunda de aquellas dimensiones del pecado.
Por eso el alma es castigada temporal y limitadamente en el Purgatorio.
La purificación del alma
La doctrina de Santo Tomás permite comprender así la diferencia entre el castigo eterno del condenado y la pena temporal del alma que muere reconciliada con Dios, pero todavía necesitada de purificación.
El Purgatorio no es, por tanto, una segunda condenación ni un castigo eterno, sino una purificación temporal de aquellas almas que, habiendo muerto en la gracia de Dios, todavía deben ser purificadas de las consecuencias del pecado antes de alcanzar la perfecta bienaventuranza.

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