馃憫 Mar铆a ayuda a un prior
Una vez, en Toscana, un hermano fue elegido prior por una comunidad. Como quer铆a evitar la carga del priorato, un d铆a fue al lugar donde estaba un hermano llamado Jacobo, que era muy amigo suyo.
Le pidi贸 que rogara por 茅l ante Dios y que suplicara tambi茅n a su piados铆sima Madre.
Aquella noche, mientras Jacobo oraba fervorosamente, vio —seg煤n 茅l mismo cont贸— a la bienaventurada Virgen preparada como para emprender un viaje hacia el lugar donde estaba el convento que hab铆a elegido a aquel hermano como prior.
El hermano le pregunt贸 humildemente:
—Se帽ora, ¿ad贸nde vais?
Ella respondi贸:
—Voy a aquel convento para cuidar de los hermanos, porque todav铆a no tienen prior.
Al d铆a siguiente, el santo var贸n cont贸 lo sucedido al hermano elegido. Este, profundamente conmovido, acept贸 recibir el priorato, confiando en la ayuda de la gloriosa Virgen Mar铆a. 馃憫馃尮
馃暞️ Una procesi贸n celestial
Otra noche, mientras aquel bienaventurado var贸n oraba junto a una ventana en Viterbo, vio fuera de las murallas de la ciudad una procesi贸n de personas vestidas de blanco, llevando muchas luces, que avanzaba hacia el lugar donde estaba la casa de los hermanos. 馃暞️
Pod铆a distinguir claramente a las personas y escuchar sus voces.
Entre ellas vio a una Se帽ora excelsa, ante quien todos mostraban reverencia.
Cuando colocaron un asiento para ella en el lugar donde actualmente se encuentra el altar de los hermanos, apareci贸 otra mujer venerable, con los cabellos sueltos y el vestido desgarrado.
Esta mujer cay贸 a los pies de la Se帽ora y exclam贸:
—¡Se帽ora m铆a, v茅ngame de mis enemigos!
La Se帽ora le respondi贸:
—¿Qu茅 me pides?
Ella contest贸:
—Ver谩s en breve un admirable castigo sobre ellos.
Despu茅s, la visi贸n desapareci贸.
Pocos d铆as m谩s tarde, un plan que algunos maestros hab铆an tramado contra la Orden qued贸 destruido por un infortunio inesperado. 馃檹
馃洝️ Mar铆a defiende al hermano desesperado
En el convento de Orvieto, en Toscana, hab铆a un hermano religioso gravemente enfermo. Hab铆a recibido los sacramentos de la Iglesia y ya se acercaba al final de su vida.
De repente comenz贸 a mirar fijamente hacia un determinado lugar, temblando.
Al verlo, su custodio le dijo:
—Hermano, te ruego por Dios que me digas qu茅 ves. Si es algo bueno, me alegrar茅; y si es algo malo, te ayudar茅 cuanto pueda.
Despu茅s de insistirle mucho, el enfermo pronunci贸 unas palabras de desesperaci贸n, como si todo aquello por lo que hab铆a trabajado en la Orden estuviera completamente perdido.
El custodio, muy atemorizado, pens贸 que el hermano estaba siendo atacado por el demonio y comenz贸 a consolarlo.
Le record贸 que el diablo es mentiroso y que deb铆a invocar a la bienaventurada Virgen, patrona de la Orden.
No solamente se lo aconsej贸, sino que, con insistencia, lo hizo rezar esta invocaci贸n:
«Mar铆a, Madre de gracia...» 馃檹馃尮
Y sucedi贸 algo admirable.
En cuanto el enfermo termin贸 de rezarla, fue inundado de alegr铆a. Su mente qued贸 en paz y su rostro se seren贸 maravillosamente.
Entonces dijo:
—¡Hermano! ¿No has visto a la Bienaventurada Mar铆a, nuestra defensora y protectora, expulsando valerosamente la multitud de demonios que me aterrorizaba? 馃洝️馃憫
Despu茅s convocaron a los dem谩s hermanos. El enfermo confes贸 toda la desesperaci贸n que hab铆a experimentado y, habiendo recitado con gran devoci贸n el Credo, se durmi贸 en el Se帽or. 馃晩️
馃Ш Mar铆a lava la infamia de los hermanos
En aquel mismo convento hab铆a un hermano converso que hu铆a de la ociosidad, amaba el trabajo y practicaba toda virtud.
Durante la enfermedad que finalmente le caus贸 la muerte, un d铆a estaba despierto mirando desde la enfermer铆a.
Entonces vio —seg煤n dec铆a— a la Bienaventurada Virgen pasando con algunas j贸venes que llevaban instrumentos y todo lo necesario para realizar un lavado.
El hermano pregunt贸 humildemente a Nuestra Se帽ora qu茅 quer铆a hacer.
Ella respondi贸:
—Vengo a lavar a los hermanos de esta infamia.
Hab铆a ocurrido que un ap贸stata de la Orden, inflamado por el demonio, hab铆a difundido contra los hermanos numerosas calumnias.
No solamente los hab铆a difamado con sus palabras, sino que hab铆a enviado por toda la ciudad y la regi贸n muchas cartas llenas de malicia contra ellos.
Los hermanos hab铆an quedado tan afligidos por aquella persecuci贸n que apenas pod铆an respirar bajo el peso de tanta desgracia.
Pero, despu茅s de aquella visi贸n, la calumnia termin贸.
El ap贸stata mentiroso fue apresado y reconoci贸 que hab铆a inventado aquellas acusaciones falsa y maliciosamente. 馃檹
馃尮 La visita de Nuestra Se帽ora
En el convento de Le Puy, un hermano llamado Pedro Juan se acercaba a la muerte, mientras los dem谩s hermanos estaban presentes y oraban.
De repente inclin贸 reverentemente la cabeza, junt贸 las palmas de las manos y salud贸 con gran devoci贸n a la Sant铆sima Virgen.
Los presentes le preguntaron:
—Hermano, ¿por qu茅 haces esto?
脡l respondi贸:
—¿Acaso no veis a Nuestra Se帽ora, que me ha visitado con su gracia?
Y as铆 entreg贸 su alma al Se帽or. 馃晩️馃尮
馃尶 «¿Quieres venir con nosotros?»
En el convento de Montpellier hab铆a un hermano llamado Le贸n.
Un hermano muy querido por 茅l fue a visitarlo cuando estaba gravemente enfermo.
Entonces Le贸n le dijo:
—Esta noche he tenido una visi贸n muy hermosa y he recibido de ella un gran consuelo. Vi venir hacia m铆 a la glorios铆sima Virgen, que me dijo: «¿Quieres venir con nosotros?».
Yo le pregunt茅:
—¿Qui茅n sois, Se帽ora?
Ella respondi贸:
—Yo soy la Madre de Dios.
Pero, considerando mi indignidad, respond铆:
—No creo que se谩is la Madre de Dios, porque yo soy un pecador indign铆simo y no conviene que una Se帽ora tan grande venga a visitar a alguien tan peque帽o.
Ella volvi贸 a decir:
—Yo soy la Madre de Dios.
Al considerar nuevamente mi indignidad, repet铆 lo mismo.
Entonces ella me dijo:
—No dudes, hijo, porque yo soy la Madre de Cristo.
Y yo respond铆:
—Se帽ora, si vos sois la Madre de Dios, yo quiero ir con vos.
Aquel mismo d铆a, el hermano muri贸 hacia la hora de v铆speras. 馃晩️馃尮
馃憫 El para铆so prometido a un hermano
El hermano Enrique, alem谩n, religioso de gran fama y excelente predicador, cont贸 en un serm贸n general celebrado en Par铆s el caso de un hermano de gran pureza y muy devoto de Nuestra Se帽ora.
Este hermano, encontr谩ndose en agon铆a, mostraba una alegr铆a extraordinaria tanto en su rostro como en su coraz贸n.
El hermano Enrique le pregunt贸 la causa de aquella alegr铆a, pues casi todos acostumbran sentir temor ante la muerte.
El enfermo respondi贸:
—Cuando estaba en las escuelas, acostumbraba recordar despu茅s de los maitines a la Bienaventurada Virgen, a San Nicol谩s y a Santa Catalina. Tambi茅n lo hice despu茅s de entrar en la Orden.
Una noche tuve una visi贸n.
Vi a Santa Catalina llev谩ndome a un lugar hermos铆simo y dici茅ndome:
—Este es mi descanso por los siglos de los siglos.
Yo qued茅 maravillado contemplando la belleza de aquel lugar.
Entonces vino San Nicol谩s y me condujo a un lugar todav铆a m谩s hermoso, diciendo:
—Este es mi descanso por los siglos de los siglos.
Mientras contemplaba aquel lugar y me maravillaba de su hermosura, apareci贸 la Bienaventurada Virgen.
Ella me condujo a otro lugar todav铆a m谩s hermoso y me dijo:
—Este es mi descanso por los siglos de los siglos.
Al contemplar la belleza de aquel lugar, le dije:
—Se帽ora, yo no he merecido un lugar tan glorioso.
Pero ella me respondi贸:
—Al contrario, hijo m铆o: este lugar es para ti y para tus hermanos predicadores...
Si quieres, tambi茅n puedo �continuar desde “immo tibi, & Fratribus tuis pr忙dicatoribus…”, manteniendo exactamente este mismo estilo y formato.

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