Para que el buen fuego que ardía en Benedicto pudiera encender a muchas almas, Dios lo llamó a la montaña. Allí, junto con otras almas fervorosas, formó una gran hoguera bajo la inspiración del Espíritu Santo y estableció una regla de vida. Por medio de ella, muchos alcanzaron la perfección.
Pero ahora hay tizones separados de aquella hoguera: almas frías, dispersas y sin fervor. Si fueran reunidas nuevamente en el fuego de Dios, volverían a arder y a transmitir calor.
La vida de San Benedicto puede compararse con tres fuegos.
El primero ardía con mirra. Representa a quienes amaron a Dios, renunciaron a su propia voluntad, abrazaron la pobreza, la humildad, la continencia y la pureza. Su mortificación era amarga para el cuerpo, pero apagaba los deseos desordenados y alejaba al demonio.
El segundo ardía con leña seca. Representa a quienes comprendieron que los honores son pasajeros, el oro es polvo y el cuerpo termina en corrupción. Despreciaron la vanidad del mundo para vivir únicamente buscando la gloria de Dios y llevando a otros hacia Él. De ellos brotaron las brasas de la justicia y el fuego de la evangelización.
El tercero ardía con aceite de oliva. Representa a quienes amaron ardientemente la Pasión de Cristo y estuvieron dispuestos a entregar su vida por Él. Impregnados de la gracia divina, produjeron conocimiento de Dios, caridad ferviente y fortaleza para vivir rectamente.
Estos tres fuegos se manifestaron en ermitaños y religiosos, en confesores y doctores de la Iglesia, y en los mártires que despreciaron su propia vida por amor a Dios.
Benedicto reunió estos tres fuegos y los condujo hacia la salvación: iluminó a los imprudentes, encendió a los fríos de corazón y aumentó el fervor de quienes ya ardían en el amor divino. Así comenzó la Orden Benedictina, guiando a cada persona según su capacidad y disposición hacia la felicidad eterna.
Sin embargo, muchos de aquellos tizones se han enfriado. En lugar de transmitir el calor de la gracia, producen el humo de la impureza y la codicia.
Pero Dios concede tres chispas para devolver el fuego a muchas almas.
La primera procede de un cristal expuesto al calor del sol. Representa al alma que todavía es fría en el amor de Dios, pero desea sinceramente la perfección y pide su ayuda. Dios permite que atraviese pruebas que la desprenden de las tentaciones, hasta que su corazón queda purificado y comienza a desear únicamente la gloria de Dios.
La segunda chispa procede del pedernal, que representa el orgullo, especialmente el orgullo intelectual de quien desea ser alabado por todos mientras pretende ser considerado humilde y devoto.
La tercera procede de un árbol estéril, cuyas raíces todavía crecen y cuyo follaje se extiende: una imagen del alma que exteriormente puede parecer sin fruto, pero en cuyo interior todavía existe la posibilidad de volver a producirlo para Dios.
Completa la explicación de las tres chispas
Integra el texto introductorio con el capítulo
Aclara el sentido del árbol estéril

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