los enemigos quitan en España a la esposa de Jesucristo

los enemigos quitan en España a la esposa de Jesucristo hasta los últimos recursos; le obstruyen todos los medios de salvación, cercándola, en expresión del Profeta, con piedras cuadradas.

¿Cómo, pues, puede concebirse que así lo permita? ¿Que así lo sufra? ¿Que no salga en su defensa?

¡Oh secreto impenetrable! ¡Oh profundo misterio!

El poder y el amor de Jesucristo

La fe nos enseña que a Jesucristo no le falta ni el poder ni el querer.

Las llagas de su cuerpo, especialmente la del costado, por las que derramó por la Iglesia toda su sangre, son otras tantas lenguas que publican en altas voces el inmenso amor en que está abrasado su corazón.

Y tantos pasos como dio por la salvación de los hombres nos aseguran de la vehemencia del deseo que le anima por la salud de sus ovejas.

El misterio de la impiedad

Y, sin embargo, a pesar de la eficacia de su poder y de su voluntad de salvarnos, ¿cómo es que permite que seamos víctimas del monstruo de la impiedad?

¿Cómo nos entrega al capricho de las sectas impías?

¿Cómo no calma la tempestad, cuando solo le cuesta mandarlo?

¿Por qué permite que triunfe la bestia feroz de la impiedad y abandona a su voracidad unas almas que tanto ama?

El secreto de la oración

He aquí un misterio, , nos es lícito escudriñar sin temor de quedar oprimidos por la gloria del Dios de la majestad.

Al menos, yo me esforzaré en hacerlo en esta carta, procurando explicárselo a V. con la mayor claridad y brevedad posibles, pues de ello ha de resultar el rumbo que ha de tomar la oración de V.

La salvación de nuestra patria

Jesús puede salvar a nuestra patria del monstruo de la impiedad que pretende arrebatarle el tesoro inestimable de la fe.

Lo quiere y no lo hace porque no hay quien se lo pida debidamente; esto es, con las condiciones que exige la verdadera oración.

No se alarme V. ni precipite su juicio antes de oír las razones en que fundo mi respuesta.

Jesucristo calma la tempestad

Ya se acordará V. de que, navegando una vez Jesucristo con sus discípulos por el lago de Genesaret y durmiendo el Señor sobre la popa de la nave, se levantó una espantosa tormenta, en que la poca fe de los Apóstoles...

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