Dos maneras de servir a Dios
Se cuenta que preguntaron a un anciano cuál de dos hermanos merecía una corona más preciosa. en el cielo.
Uno de ellos vivía retirado y solitario, encerrado en su celda. Allí ayunaba durante seis días, orando y entregándose de día y de noche a las prácticas de penitencia.
El otro, en cambio, pasaba los días y las noches ocupado en servir a los enfermos y en atender sus necesidades.
Preguntaron, pues, cuál de los dos trabajos era más agradable a Dios.
El anciano respondió:
«El hermano que ayuna durante seis días no puede compararse con el hermano que sirve a los enfermos».
La enseñanza es clara: la penitencia y el ayuno tienen gran valor, pero la caridad que se entrega al hermano necesitado puede ser todavía más preciosa ante Dios. El servicio al enfermo no es una obra secundaria, sino una forma concreta de servir al propio Cristo.

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