Cuando se hace mención, en el cuarto libro de los Reyes, de un solemne ayuno que se ordenó después de la muerte de Saúl, el venerable Beda sostiene la opinión de que aquel ayuno se hizo por el descanso del alma de aquel príncipe difunto.
Algunos sostienen que por aquellos días todavía no se había publicado el precepto que prohibía al hombre dar muerte a su semejante.
San Agustín y el fuego del Purgatorio
San Agustín, comentando el Salmo treinta y siete, al llegar a aquellas palabras:
«Domine, ne in furore tuo arguas me, neque in ira tua corripias me»,
«Señor, no me reprendas en tu furor ni me castigues en tu ira»,
entiende por el furor eterno de Dios el Infierno, y por la ira transitoria del Señor, el Purgatorio.
De este modo distingue entre el castigo eterno de los condenados y aquella pena temporal mediante la cual las almas son purificadas.
Orígenes y San Ambrosio
Orígenes y San Ambrosio, comentando el Salmo sesenta y cinco, sobre aquel famoso versículo:
«Transivimus per ignem et aquam, et eduxisti nos in refrigerium»,
«Pasamos por el fuego y por el agua, y nos llevaste al lugar de refrigerio»,
entienden por el agua el Bautismo y por el fuego, el Purgatorio.
Así, el paso por el fuego es interpretado como una figura de la purificación del alma antes de alcanzar el descanso eterno.
San Juan Crisóstomo y el sufragio por los difuntos
San Crisóstomo, en la homilía trigésima segunda sobre San Mateo, nos refiere que todavía en su tiempo se conservaba entre los cristianos cierta costumbre.
Los parientes del difunto preparaban durante las exequias un solemne banquete. Mientras ellos comían con amargura y se alimentaban entre lágrimas y dolor, repartían las viandas entre los pobres como sufragio por el difunto.
Aquel banquete era llamado el banquete de los muertos.
Esta antigua costumbre manifiesta la práctica de ofrecer obras de caridad por aquellos que habían fallecido.
El consejo dado al joven Tobías
El anciano Tobías aconsejaba al joven Tobías que pusiera pan y vino sobre las sepulturas:
«Panem tuum et vinum tuum super sepulturam iusti constitue»,
es decir:
«Pon tu pan y tu vino sobre la sepultura del justo».
Sería ciertamente un consejo extraño si no se entendiera en un sentido místico, como referencia al sufragio por los difuntos.
La exhortación del Eclesiástico
También las palabras misteriosas del Eclesiástico:
«Mortuo ne prohibeas gratiam»,
«No niegues tu gracia al muerto»,
sirven de exhortación para orar por los difuntos.
En este pasaje se han apoyado muchos intérpretes para fundamentar la doctrina católica del Purgatorio y la utilidad de los sufragios ofrecidos por las almas de los fallecidos.
Las Escrituras según San Agustín
San Agustín reúne además muchos testimonios de las Sagradas Escrituras como prueba de este artículo de fe.
Entre ellos cita dos especialmente significativos.
El primero es de Malaquías:
«Sedebit conflans et emundans argentum, et purgabit filios Levi»,
«Se sentará como quien funde y purifica la plata, y purificará a los hijos de Leví».
El segundo es de Isaías:
«Lauabit Dominus sordes filiorum et filiarum Sion, et sanguinem emundabit de medio eorum spiritu iudicii et spiritu combustionis»,
es decir:
«El Señor lavará las inmundicias de los hijos y de las hijas de Sión, y purificará su sangre de en medio de ellos con espíritu de juicio y espíritu de combustión».
Estas palabras han sido entendidas por diversos Padres e intérpretes como alusiones a una purificación mediante el fuego.
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