Señor Jesús, quiero ponerme delante de Ti y comprender los frutos del pecado: un placer que dura un instante y un daño que puede tener consecuencias eternas.
¡Qué breve es el contento de este mundo y qué terrible sería perder por él tu amistad y la vida eterna!
Jesús mío, hazme comprender esta verdad para que huya del pecado y no cambie lo eterno por lo pasajero. ¿De qué me servirían las riquezas, los honores, los placeres y todas las vanidades del mundo, si por ellos pusiera en peligro mi alma?
Esta vida es breve y todo cuanto hay en ella pasa; solamente Tú permaneces para siempre. Enséñame, Señor, a vivir pensando en la eternidad y a renunciar a todo aquello que me aparte de Ti.
Dame fortaleza para vencer las tentaciones, paciencia para soportar las dificultades y humildad para hacer verdadera penitencia por mis pecados.
Prefiero luchar ahora que lamentarme después. Prefiero renunciar a un placer pasajero que perder tu amistad. Prefiero llevar contigo la cruz de cada día que vivir lejos de Ti.
Jesús misericordioso, si tantas veces he pecado, no permitas que desespere de tu misericordia. Dame un corazón arrepentido, firme y perseverante.
Haz que te elija a Ti por encima de todas las cosas, para que, después de esta breve vida, pueda alcanzar la verdadera felicidad y vivir contigo eternamente.
Amén.

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