sepulcro se convirtió en refugio para quienes acudían a él en medio del peligro. 🙏✝️🕊️

 


Ocurre entre el 570 y el 590 d.C. en la provincia de Valeria, en el centro de Italia.

Valeria era una provincia romana que corresponde hoy a la zona del Abruzzo, entre Rieti y L'Aquila. Ahí estaba el monasterio fundado por San Equicio Abad, un santo muy famoso en el siglo VI, contemporáneo de San Benito. Murió alrededor del año 560 y fue sepultado en su pequeño oratorio.

Su monasterio era muy pobre y sencillo, pero muy respetado.

Cuando los lombardos entraron en la provincia de Valeria, sembrando destrucción por todas partes, algunos monjes discípulos de San Equicio no tuvieron a donde huir y se refugiaron en el pequeño oratorio donde estaba sepultado su santo padre Equicio.

Los invasores lombardos los siguieron hasta dentro del oratorio sagrado y comenzaron a sacarlos a la fuerza, con intención de torturarlos y matarlos.

Uno de los monjes, viendo que ya no había esperanza, se arrojó sobre el sepulcro y gritó desesperado:

—¡Ay, santo Equicio! ¿Te agrada que nos arrastren de esta manera de tu propia casa? ¿No vas a defendernos?

En ese mismo instante, del interior del sepulcro salieron cuatro perros negros, grandes y terribles como la noche.

Se abalanzaron sobre los lombardos que estaban maltratando a los monjes. Los derribaron al suelo, los mordían y no los dejaban levantarse, y los invasores comenzaron a gritar y a retorcerse atormentados.

El alboroto fue tan grande que todos los demás lombardos, incluso los que estaban fuera del oratorio esperando para saquear, comprendieron lo que sucedía y quedaron aterrorizados.


Enonces, llenos de miedo, dejaron de profanar aquel lugar sagrado y huyeron.


Así, Equicio, aun después de su muerte, protegió a sus discípulos, y su sepulcro se convirtió en refugio para quienes acudían a él en medio del peligro. 🙏✝️🕊️

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