Se narra el caso de un joven canónigo de París que había vivido entregado a placeres desordenados. Durante una enfermedad se confesó y recibió el Viático, pero no tenía una verdadera intención de abandonar sus pecados si recuperaba la salud.
Después de morir se apareció a un amigo y le manifestó que estaba condenado. Explicó que, aunque se había confesado, su confesión había sido inútil porque no tenía propósito de enmienda. Como señal de ello anunció que encontrarían su cuerpo quemado.
Cuando abrieron el sepulcro hallaron el cadáver tal como él había dicho

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