Cuando el bienaventurado santo Domingo estaba en Roma, suplicando a Dios y al papa que confirmara la Orden de Predicadores, una noche, mientras oraba como acostumbraba, tuvo una extraordinaria visión.
👑 Vio al Señor Jesucristo de pie en el aire, sosteniendo tres lanzas dirigidas contra el mundo.
Entonces la Virgen María, su Madre, se arrodilló ante Él y le rogó que tuviera misericordia de aquellos a quienes había redimido, moderando su justicia con misericordia.
Jesús le respondió:
—¿No ves cuántas ofensas me hacen? Mi justicia no permite que tantos males queden sin castigo.
🙏 Entonces la Virgen le dijo:
—Tú sabes todas las cosas. Esta es la manera por la cual puedes hacerlos volver a ti: tengo un siervo fiel. Envíalo al mundo para que anuncie tus palabras, y los hombres se convertirán y buscarán a ti, su Salvador. También le daré otro siervo como ayuda, que trabajará de la misma manera.
Entonces el Hijo respondió a su Madre:
—He aquí que, por tu petición, me he reconciliado con ellos. Sin embargo, muéstrame a quienes quieres destinar a tan grande misión.
✨ Entonces la Virgen presentó a santo Domingo ante Jesucristo.
El Señor lo aprobó diciendo que cumpliría bien y diligentemente aquello que su Madre había pedido.
Después, la Virgen presentó también a san Francisco, y el Salvador lo encomendó igualmente para esta misión.
🤝 Santo Domingo contempló atentamente a su compañero durante aquella visión, aunque hasta entonces no lo había conocido.
Al día siguiente, cuando encontró a san Francisco en una iglesia, reconoció en él al hombre que había visto durante la noche.
Corrió hacia él, lo abrazó y, dándole un santo beso, le dijo:
—Tú eres mi compañero; tú correrás conmigo. Permanezcamos juntos y ningún adversario podrá vencernos.
Entonces le contó la visión que había tenido.
❤️ Desde aquel momento, ambos tuvieron un solo corazón y una sola alma, y así lo transmitieron también a sus sucesores para que esta amistad espiritual permaneciera para siempre.
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