La experiencia enseña que las personas entregadas a la sensualidad tienen los sentidos debilitados, entorpecidos y como sepultados. Entre todos los sentidos, los ojos son los primeros en perder su fuerza.
👀 Esto sucede porque los ojos fueron también los primeros en servir de puerta al pecado, descubriendo a los demás sentidos y a las potencias del alma aquello que despertó las pasiones desordenadas.
⚕️ Por esta razón, el médico Galeno aconsejaba a quienes padecían enfermedades de los ojos que huyeran de la sensualidad si deseaban sanar y conservar la vista. Incluso afirmaba que este vicio contribuía a la caída de las pestañas y al agravamiento de ciertos males oculares.
💧 El médico Mateo Burdegalense menciona que uno de los antiguos remedios para algunas enfermedades de los ojos era la orina de un niño virgen, utilizada como ingrediente en ciertos colirios. Más allá del valor médico que hoy pueda atribuirse a esta práctica, el autor encuentra en ello una enseñanza espiritual.
🙏 Así como de un veneno se obtenía un antídoto, o del mismo perro que había mordido se tomaban pelos para curar la herida, también de aquello que simboliza la inocencia se buscaba un remedio para reparar los daños causados por la sensualidad.
🎨 Los antiguos representaban al amor desordenado como un personaje ciego. Con ello querían expresar que la pasión desenfrenada termina oscureciendo la vista, no solo la del cuerpo, sino también la del alma.
🚶 La sensualidad también perjudica la facultad del movimiento. Según los médicos antiguos, la fuerza que mueve el cuerpo depende de la virtud animal, cuya sede se encuentra en el cerebro.
🧠 El maestro Francisco Farfán explica que existen en el cuerpo unos órganos llamados músculos, distribuidos por todos los miembros. Cada uno está unido a los huesos mediante nervios, venas y arterias, y por medio de ellos se produce el movimiento conforme a la voluntad.
🦴 Los espíritus animales, según la medicina de la época, nacen en el cerebro y recorren el cuerpo hasta llegar a los músculos. Galeno enseñaba que los nervios poseen una naturaleza semejante a la del cerebro, aunque más firme, para soportar el continuo esfuerzo del movimiento.
⚠️ Si el cerebro queda debilitado y agotado por los excesos de la lujuria, también se debilitan esos espíritus vitales. Como consecuencia, los nervios y los músculos pierden fuerza, se resecan y se contraen, dificultando el movimiento natural del cuerpo.
😔 De ahí que quienes viven entregados a este vicio muchas veces parezcan caminar con pesadez, como tullidos o sin agilidad, incapaces de gobernar sus miembros con soltura. El autor considera que la experiencia cotidiana confirma este efecto.
✝️ Con esta reflexión se quiere enseñar que el pecado de la impureza no solo hiere el alma, sino que también deja profundas consecuencias en el cuerpo. Por ello, la verdadera medicina consiste en la pureza, la templanza, la penitencia y la gracia de Dios, que restauran tanto el corazón como la vida entera.
❤️ La sensualidad consume la vida
El vicio de la sensualidad también perjudica la facultad vital. Según la medicina antigua, esta facultad tiene su origen y asiento en el corazón.
💔 Los hombres carnales, especialmente aquellos dominados por pasiones amorosas desordenadas, consumen antes de satisfacer sus deseos la sangre más pura y delicada del corazón mediante la fuerza de su imaginación.
😔 Al perder esa sangre, también disminuyen los espíritus vitales. Como consecuencia, el corazón queda melancólico, triste y desfallecido, debilitándose poco a poco la fuerza de la vida.
⏳ Quienes perseveran en este vicio deterioran gravemente su salud. No hace falta una gran demostración para comprobarlo: basta observar cómo muchos acortan rápidamente el curso de su existencia.
🐂 El autor encuentra un ejemplo en los animales. Afirma que aquellos que más se entregan a la generación suelen vivir menos tiempo, porque consumen antes el calor natural y el llamado humor radical, considerados por la medicina de la época como fundamentos de la vida.
📜 Por esta razón, Hesíodo aconsejaba que quien no quisiera envejecer prematuramente evitara los excesos de la carne.
👑 El autor interpreta también que esta fue una de las causas por las que la Sagrada Escritura llama "viejo" al rey Salomón antes de haber alcanzado los cincuenta y un años. Considera que el exceso en los placeres carnales lo había envejecido antes de tiempo, dejándolo seco, arrugado y debilitado.
🌿 En contraste, recuerda que la Escritura atribuye una larga vida a Sara y a Judit, presentándolas como ejemplo de castidad y pureza.
🕯️ San Juan Crisóstomo enseña que quienes viven entregados a la sensualidad se consumen como la cera que se derrite al fuego. Su semblante se llena de tristeza y, con frecuencia, terminan padeciendo enfermedades, parálisis o una vejez prematura.
💊 A causa de ello, muchos se ven obligados a gastar el resto de sus días buscando médicos y remedios para aliviar los males que ellos mismos provocaron con sus excesos.
⚠️ El autor añade que, en algunas ocasiones, la lujuria no solo perjudica la salud, sino que incluso puede causar una muerte repentina.
📚 Para apoyar esta afirmación cita diversos ejemplos recogidos por escritores antiguos, entre ellos Plinio, Quintiliano, Tertuliano, el papa Juan II y el poeta Pontano. Asimismo, recuerda el caso de un joven conocido suyo en Salamanca que, según relata, murió de manera semejante.
🩺 Galeno explicaba estos casos afirmando que una pasión tan violenta podía consumir no solo los espíritus animales, sino también los vitales, agotando de tal modo las fuerzas del cuerpo que llegara incluso a producir la muerte.
⚖️ De ahí nace el antiguo principio según el cual "la generación de una cosa es la corrupción de otra". Es decir, aquello que sirve para conservar y perpetuar la especie puede, cuando se vive sin moderación, contribuir al deterioro de quien practica esos excesos.
🏛️ Por esta razón, refiere Plutarco que algunos pueblos paganos consideraban a Venus no solo diosa de la vida y de la fecundidad, sino también de la muerte, llamándola igualmente Libitina, para expresar que un mismo poder podía dar origen tanto a la vida como a la destrucción.
✝️ La enseñanza espiritual es clara: los placeres desordenados prometen felicidad, pero terminan debilitando el cuerpo, oscureciendo el alma y acortando la vida. En cambio, la castidad, la templanza y el dominio de sí fortalecen tanto el espíritu como la persona entera y preparan el corazón para vivir en amistad con Dios.
San Felipe Neri enseñaba que la mejor manera de vencer las tentaciones relacionadas con la impureza no consiste en enfrentarlas con confianza en uno mismo, sino en apartarse de ellas con prudencia. Consideraba que quien evita las ocasiones de pecado demuestra verdadera sabiduría y fortaleza.
También advertía que nadie debe pensar que está completamente seguro frente a este tipo de tentaciones. Mientras una persona viva, debe permanecer vigilante, apoyándose en la gracia de Dios y desconfiando de sus propias fuerzas.
Además, recomendaba acudir con frecuencia a la confesión y a la Eucaristía como medios para conservar un corazón limpio y fortalecer el alma frente a las pasiones desordenadas.
San Jerónimo: la batalla comienza en el corazón
San Jerónimo recordaba que la pureza no depende únicamente de las acciones externas. Enseñaba que el combate contra la impureza empieza en los pensamientos, en la imaginación y en los deseos que el ser humano decide alimentar.
San Francisco de Sales: custodiar el corazón
San Francisco de Sales invitaba a evitar todo aquello que pudiera despertar afectos desordenados. Para él, conservar la pureza significaba proteger el corazón y dirigir los afectos hacia Dios antes que hacia los placeres pasajeros.
San Alfonso María de Ligorio: evitar las ocasiones de pecado
San Alfonso insistía en que una de las mejores maneras de conservar la castidad es mantenerse alejado de las circunstancias que normalmente conducen al pecado. En su enseñanza, la prudencia vale más que la confianza excesiva en la propia fuerza de voluntad.
San Agustín: la pureza es un don que se pide
Después de su conversión, San Agustín enseñó que la castidad no se alcanza únicamente con esfuerzo humano. Es un don que Dios concede a quienes lo buscan con humildad, perseverancia y una vida de oración.
San Juan Crisóstomo: el pecado consume al hombre
San Juan Crisóstomo comparaba los efectos de la sensualidad desordenada con algo que se va consumiendo lentamente. Explicaba que este pecado debilita el alma, roba la paz interior y termina dejando a la persona vacía y sin alegría verdadera.
Santo Tomás de Aquino: la lujuria oscurece el juicio
Santo Tomás explicaba que cuando las pasiones dominan a la persona, la inteligencia pierde claridad para distinguir el bien del mal. Por ello insistía en que la virtud de la castidad ayuda a conservar un juicio recto y una voluntad fuerte.
Santa Catalina de Siena: un corazón puro pertenece a Cristo
Santa Catalina enseñaba que el alma que vive en pureza se une con mayor facilidad a Cristo. La limpieza del corazón permite escuchar mejor la voz de Dios y resistir las tentaciones del enemigo.
San Juan Bosco: la pureza protege toda la vida
San Juan Bosco animaba especialmente a los jóvenes a valorar la pureza como un tesoro que merece ser defendido. Enseñaba que una vida limpia fortalece la conciencia, la alegría y la amistad con Dios.
Padre Pío: oración y sacramentos
El Padre Pío aconsejaba combatir las tentaciones mediante una intensa vida de oración, la confesión frecuente, la participación en la Eucaristía y el esfuerzo constante por evitar aquello que conduce al pecado.
Una enseñanza común
Aunque vivieron en épocas diferentes, todos estos santos coinciden en una misma enseñanza: la lujuria nunca debe tomarse a la ligera. Recomiendan vigilar los pensamientos, evitar las ocasiones de pecado, practicar la oración diaria, recibir con frecuencia los sacramentos y confiar siempre en la gracia de Dios más que en las propias fuerzas.
Para ellos, la verdadera libertad no consiste en dejarse llevar por los deseos, sino en aprender a gobernarlos con la ayuda de Dios, viviendo una vida de pureza que conduzca a la paz del corazón y a la santidad.

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