En los antiguos relatos sobre Santa Úrsula de Colonia se narra que ella partió desde Britania junto a un grupo numeroso de jóvenes consagradas, todas de gran nobleza y presencia distinguida.
Durante el viaje llegaron a Roma, donde participaron en la veneración cristiana y permanecieron un tiempo en oración y recogimiento. Tras esa estancia, emprendieron juntas el regreso hacia su tierra de origen.
El grupo estaba formado por doncellas de gran belleza y porte sereno. Vestían de manera sencilla como peregrinas, pero su presencia llamaba la atención por una hermosura extraordinaria y una dignidad que destacaba en cada lugar por donde pasaban.
El camino de regreso las llevó por rutas extensas y zonas montañosas, atravesando territorios habitados por pueblos de costumbres paganas. Continuaron su marcha unidas, con firmeza en su fe.
Al llegar a una de esas regiones montañosas, fueron detenidas por habitantes del lugar, quienes intentaron obligarlas a participar en la adoración de sus divinidades. Ellas se negaron con decisión y mantuvieron su fe cristiana.
Ante esa negativa, fueron ejecutadas en ese mismo lugar. El relato añade que, en medio de lo sucedido, algunos de los presentes observaron cómo las almas de varias de ellas ascendían de manera serena y translúcida hacia el cielo, mientras otros no percibieron nada semejante. Quienes lo vieron quedaron profundamente impactados por lo ocurrido, y ese hecho llevó a algunos de los testigos a buscar instrucción cristiana y pedir ser recibidos en la fe.

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