Esta esclavitud en que viven los deshonestos, si bien se considera, es sin comparación mucho mayor que la que padece cualquier esclavo vendido por dinero. El esclavo comprado solo tiene cautivo el cuerpo. Como dice Séneca: "Yerra mucho el que piensa que la esclavitud comprende a todo el hombre, pues la mejor parte de él queda libre". Aunque los cuerpos estén sujetos y adjudicados a los señores, los ánimos mantienen su libertad; la jurisdicción de los señores no se extiende más que al fuero exterior y al servicio corporal. En la parte principal, que es el alma, no deben vasallaje a ninguna criatura.
Esclavo era el santo José en Egipto, vendido por dinero, y como tal se ocupaba en todos los oficios corporales que le mandaba su amo; pero en mandándole que le sirviese en la deshonestidad y le entregase su voluntad, no quiso obedecer.

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