El Abad Isidro y el sacrilegio de la Sagrada Comunión.

 

El Abad Isidro lloraba sin consuelo. Los demás monjes, al verlo tan angustiado, le decían: “Todos somos pecadores, no llores tanto”. Pero Isidro respondía con profundo dolor: “Vuestros pecados no son como los míos”. Y entonces contaba su terrible historia.

Antes de ser monje, se llamaba Severiano y estaba casado con una mujer cristiana. Un día, vio cómo su esposa recibía la Sagrada Comunión. En un arrebato de celos o de furia diabólica, se abalanzó sobre ella, la agarró con violencia y la obligó a vomitar la Hostia Consagrada. El Cuerpo de Cristo no cayó al suelo, sino que fue milagrosamente recibido en el aire por una purísima luz. Lleno de espanto ante lo que había hecho, Severiano huyó a su casa, se encerró en una habitación y allí se entregó a una vida de amarga penitencia.

En medio de su dolor, se le apareció una sombra espantosa que le dijo: “Tú y yo estaremos juntos en el mismo lugar”. Cuando Isidro le preguntó quién era, la sombra respondió: “Yo soy el que dio la bofetada a Cristo en casa del Sumo Sacerdote”. Desde entonces, Isidro vivía atormentado por el remordimiento, llorando sin cesar su gravísimo sacrilegio. Su compunción era tan grande que parecía inconsolable.

Esta historia es una de las más impactantes de toda la colección. Muestra la gravedad del pecado contra la Eucaristía y cómo incluso un pecado tan horrible puede ser ocasión de una conversión radical. El Abad Isidro nos enseña que no hay pecado tan grande que la misericordia de Dios no pueda perdonar, siempre y cuando exista una verdadera y dolorosa compunción del corazón.

              

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