David el ladrón convertido en santo.

 

David era un famoso ladrón, una persona violenta y peligrosa que vivía aterrorizando a la región. Cansado de su mala vida, decidió huir y pedir refugio en un monasterio. Al llegar, los monjes, desconfiados, le dijeron: “Tú no vienes por arrepentimiento, sino huyendo del hambre”. David, con su carácter fuerte, les respondió amenazante: “Si no me recibís, prenderé fuego al monasterio y os quemaré a todos”. Por temor, los monjes lo aceptaron.

Sorprendentemente, en poco tiempo David superó a todos los monjes en santidad y fervor. Su conversión fue radical y profunda. Un día se le apareció un ángel y le dijo: “Tus pecados te han sido perdonados”. Pero David, que tenía un gran dolor por sus culpas, respondió con humildad: “No es posible que pecados tan graves me sean perdonados tan pronto”. Como no creyó plenamente en la palabra del ángel, este le dijo: “Por no haberme creído, quedarás mudo”. David preguntó con tristeza: “¿Entonces no podré cantar los salmos ni hablar?”. El ángel le concedió poder cantar los salmos, pero permaneció mudo para lo demás.

Esta historia es impresionante porque muestra cómo Dios puede transformar incluso al peor pecador en un gran santo en muy poco tiempo. David pasó de ser un ladrón temido a un monje ejemplar, demostrando que nadie está fuera del alcance de la gracia divina. Su compunción fue tan sincera y profunda que Dios lo elevó rápidamente, aunque su humildad le impidió aceptar fácilmente el perdón total.

             

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