Tener una imagen no es lo mismo que adorarla, y ahí es donde se cae en el error de interpretación. En Éxodo 20,4-6, la prohibición se refiere a la idolatría de dioses falsos, no a la existencia de fotos, cuadros o billetes; si alguien fuera literal al extremo, no podría ni cargar dinero en la mano porque tiene imágenes impresas.
Lo mismo pasa en Marcos 9,43-47, donde Jesús usa una exageración para hablar del pecado: nadie se saca un ojo ni se corta una mano literalmente porque entienden que es una advertencia moral, no una orden de cirugía.
En Levítico 15,16, las reglas de impureza por procesos biológicos eran rituales de una época específica; aplicarlas hoy prohibiendo tocar a alguien por su ciclo natural haría imposible vivir en sociedad. Al final, los que exigen literalidad en unas cosas pero ignoran que deberían estar amputados o sin fotos son unos hipócritas que solo usan la Biblia para juzgar lo que les conviene.

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