una dama de nuestros reinos. Ingresó en un convento, pero las exigencias de la vida religiosa le resultaron pesadas. Tenía bienes y belleza, por lo que sus padres decidieron sacarla y casarla con un joven noble, rico y de buen parecer.
Pensó entonces que alcanzaría una vida de gran alegría. Sin embargo, se equivocó. Ni la riqueza, ni los regalos, ni el trato amable de su esposo lograron aliviar la profunda tristeza que la dominó desde el día de su boda. Nunca volvió a mostrar un rostro alegre.
La llevaban a fiestas, jardines y diversiones; le ofrecían música y vestidos nuevos. Todo resultaba inútil. Cada intento parecía aumentar su pena, como si apretara más el lazo de su angustia.
Finalmente, una mañana, su madre la encontró colgada en una viga de la casa. En su desesperación, creyó hallar salida a su sufrimiento.

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