Todo esto es al contrario en vuestras reprensiones; y así, con ellas no hacéis obra humana ni agradable a Dios, sino escandalosa, odiosa e infame, y aborrecible para Dios.
Porque al hablar mal de las mujeres no mostráis prudencia ni sana conciencia, ni tenéis advertencia del mal que de tanto mal os puede venir; ni fue vuestro celo para mayor bien y paz, sino pensando que les haríais mayor daño y moveríais contra ellas mayor guerra.
Todo lo cual caerá sobre vuestra cabeza, pues sin amor, sin caridad, con doblez, engaño y no menos falsedad que con ánimo dañado, levantáis contra todas cosas que en las buenas y virtuosas nunca hubo ni cabe.
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