—Hija mía, lloras porque Dios ama inmensamente a los hombres, pero los hombres apenas corresponden a ese amor 💔. Incluso aquellos que gobiernan en la Iglesia buscan más el honor, la riqueza y el prestigio que el cuidado de las almas. Por eso, muchos rechazan el banquete celestial preparado para ellos, y su lugar será dado a los pobres y humildes 🙏.
Y para que lo entendiera mejor, le mostró este ejemplo:
En una ciudad vivía un obispo sabio, rico y muy admirado por todos 👑. Sin embargo, en su interior estaba apegado a lo mundano: buscaba honores, acumulaba bienes y daba regalos no por caridad, sino para ganar prestigio. No daba gracias a Dios por lo que tenía, ni usaba sus dones como debía.
En la misma diócesis había un sacerdote docto y temeroso de Dios, que veía con dolor la conducta del obispo. Él deseaba el episcopado, pero no por ambición, sino para servir mejor a Dios, ayudar a los pobres y guiar más almas hacia la salvación ✨. Incluso estando dispuesto a sufrir, aceptaría ese cargo como una pesada cruz por amor a Dios.
Movido por la caridad, corrigió al obispo en privado. Pero este, lleno de orgullo, lo humilló públicamente 😠. El sacerdote soportó todo con paciencia y humildad, mientras el obispo continuaba siendo alabado por los hombres.
Con el paso del tiempo, ambos murieron ⚰️ y comparecieron ante el juicio de Dios. Entonces se manifestó la verdad: el obispo, incapaz de justificar sus intenciones y acciones, fue despojado de su honor y entregado al castigo 😨. En cambio, el sacerdote, por su recta intención y fidelidad, fue revestido de gloria y tenido por digno ante el cielo 🌟.
Y concluyó la Madre de Dios:
—Así obra Dios: humilla al soberbio y exalta al humilde. El verdadero honor no está en lo que el mundo aplaude, sino en lo que se hace por amor a Dios. Muchos que parecen grandes perderán su lugar, y otros, ocultos y fieles, serán elevados en su presencia.
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