eran demonios que lo arrastraban sin piedad.

 

En el caso del conde de Mâcon, vinculado a prácticas mágicas, se cuenta que llevaba una vida marcada por abusos y engaños. Tenía la costumbre de despojar a los más humildes de sus haciendas, aprovechándose de su debilidad. También recurría a falsificaciones y artimañas para adueñarse de propiedades de personas sin descendencia, haciendo creer que se las habían dejado en herencia.

Cierto día, mientras almorzaba con total tranquilidad en una de esas haciendas obtenidas de forma injusta, delante de numerosos barones y soldados, ocurrió un hecho que dejó a todos estremecidos. De pronto, fuerzas invisibles lo alzaron con violencia: eran demonios que lo arrastraban sin piedad. Fue transportado tres veces alrededor de la ciudad a gran velocidad, a la vista de todos, mientras gritaba con desesperación: “¡Socorred, ciudadanos, socorred!”.

La escena provocó gran conmoción entre los presentes y en toda la ciudad. Tras aquel suceso, se decía que quedó unido de manera constante a esas presencias malignas, tal como lo relata Hugo de Cluny, interpretándose lo ocurrido como castigo por la vida de abusos y fraudes que había llevado.

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