El pergamino del demonio durante la misa

 


Un sacerdote celebraba la misa con devoción. Después del rito, vio al demonio detrás del altar escribiendo en un pergamino muy largo. A medida que avanzaba, el pergamino se quedaba corto, y el demonio lo estiraba con los dientes para seguir escribiendo.

El sacerdote, con autoridad espiritual, le ordenó que revelara lo que anotaba. El demonio respondió que registraba todos los pecados cometidos por las personas presentes durante ese día en la misa, especialmente aquellos que, en el momento del acto de contrición, no reconocieron ni se arrepintieron.

El sacerdote tomó el pergamino y lo leyó en voz alta al pueblo. Al oírlo, muchos se llenaron de dolor por sus faltas, se arrepintieron y acudieron a confesarse. En ese mismo momento, lo escrito desapareció completamente.

El demonio, al ver perder todo su trabajo, se retiró lleno de frustración. Este relato enseña cómo el arrepentimiento y la confesión borran incluso aquello que parecía quedar registrado.

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