el demonio, extendiendo el error y las tinieblas de la noche

 Tomás de Aquino ,todos los que comprenden que el demonio propone la negación de Dios y exige renunciar a lo prometido en el Bautismo —lo cual constituye su obra propia— necesariamente están cegados si no lo perciben.

Porque, ¿quién, a menos que esté ciego tanto en los ojos del cuerpo como en los del alma, al escuchar que se le propone negar a Dios, no siente horror? ¿Quién puede permanecer tranquilo, si aún conserva una chispa de verdadera claridad, ante un crimen de tal gravedad?

Por tanto, parece cierto que antes han existido pecados graves cuya consecuencia es que, viendo, no vean, y oyendo, no entiendan.

Este es el empeño particular del enemigo y adversario. Sin embargo, la providencia divina no permite que pueda invadir un alma que antes no se haya apartado, por sus propios pecados y faltas, de la amistad y de la gracia de Dios.

Así también Juan Casiano, en las Conferencias de los Padres  demuestra y afirma que el demonio no puede en modo alguno invadir la mente o el cuerpo de una persona, ni irrumpir plenamente en su alma, a menos que primero la haya despojado de pensamientos santos y la haya dejado vacía, sin contemplación espiritual.

Lo mismo explica, con mayor claridad mediante una comparación, Juan Crisóstomo en el libro II sobre la providencia de Dios:

Así como quienes socavan los muros durante la noche, al apagarse la luz, pueden robar riquezas e incluso matar a sus dueños con total facilidad, de igual manera el demonio, extendiendo el error y las tinieblas de la noche, procura primero retirar y arrebatar todos los pensamientos que podrían servir de defensa.

De este modo, al encontrar el alma abandonada y sin ayuda, la ataca y la hiere con innumerables golpes.

Comentarios