A una mujer se le aparecía un demonio. La atormentaba para que no confesara, y si ella quería confesarse, él se lo impedía. La acosaba noche y día para que no se confesara. Ella, sin embargo, sufriendo por esto, había decidido confesarse de manera general al prior de los frailes predicadores de la ciudad. Cuando llegó al monasterio, el demonio comenzó a gritar:
“Si vas, te atormentaré; ahora me te apareceré; ahora te molestaré a solas. No te confieses, porque esto es nuestro veneno”.
Pero ella no lo omitió. El demonio volaba por el aire, y cuando ella comenzó la confesión, confundido, huyó.

Comentarios
Publicar un comentario