Se cuenta en historias de Inglaterra de un decano en una ciudad, que cayó gravemente enfermo.
Este noble tenía una fundación con la cual recaudaba dinero para ayudar a supuestas personas pobres de la iglesia, y se robaba todo lo que le daban.
Fue visitado por un santo varón, amigo suyo, y cuando este comenzó a exhortarlo sobre la salvación de su alma, de repente la habitación se oscureció y se oyó una voz terrible que decía:
“¡Levántate, levántate, ladrón de Cristo, usaste la religión para tú beneficio, asesino de los pobres, y recibe tu juicio!”
Y en ese mismo instante murió.
Su cuerpo se volvió negro como carbón.
El santo, lleno de temor, regresó al monasterio y, con muchas lágrimas, pedía a Dios que le mostrara el juicio de
Un día se le apareció bajo esta forma:
Dos caballos de fuego con monturas estaban junto a él, uno delante y otro detrás.
Apoyaban sus patas delanteras sobre sus hombros, y con los dientes le rompían los huesos y despedazaban todos sus miembros.
En cada montura había una alforja llena de males.
El santo cayó al suelo del horror.
Entonces el decano dijo:
“¿Por qué me has llamado, miserable de mí, si no quieres hablar conmigo?”
Cuando le preguntaron quién era, respondió:
“Yo soy aquel decano maldito y condenado, que antes fue tu conocido.”
Entonces el santo le dijo:
“Pero tú parecías un hombre limpio y correcto ¿por qué estás condenado así?”
El decano respondió:
“No te sorprendas de esto, sino más bien sorpréndete de cómo un erudito puede salvarse.”
Y como el santo insistiera en que explicara la causa, dijo:
“Mira el establo junto a la iglesia: está bien cubierto de la lluvia, mientras que la iglesia se arruina.donde yo iba a misa y no me importaban las condiciones del templo Mira mis vestiduras caras y hermosas ,pero los ornamentos sagrados o no existen o están rotos y sucios, y apenas pueden usarse.Mira también su mesa y la del altar de Cristo: en mi mesa habia vasos de oro y plata para mí embriaguez y glotonería, pero en el altar de Dios apenas se encuentra un cáliz de estaño.Me olvide de servir a Dios,y en su lugar recorde canciones mundanas.
Esta es la puerta de la condenación.”
Entonces una llama muy fétida levantó a aquel condenado, y con un dolor terrible desapareció de la presencia del santo.

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