fiel compañero que Dios ha puesto junto a nuestros hijos desde el primer instante de su vida,
te pedimos con humildad que los custodíes cada día.
Protégelos en sus caminos,
guárdalos de todo peligro del cuerpo y del alma,
apártalos de malas compañías
y fortalécelos cuando enfrenten pruebas.
Inspírales pensamientos rectos,
ayúdalos a amar el bien,
a respetar a sus padres,
a cumplir con sus deberes
y a crecer en sabiduría y virtud.
Cuando estén tristes, consuélalos.
Cuando duden, oriéntalos.
Cuando se equivoquen, condúcelos nuevamente por el buen camino.
No los abandones ni de día ni de noche.
Preséntalos siempre ante Dios y ruega por ellos,
para que vivan bajo su amparo y alcancen la vida eterna.
Amén.

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