Exorcismo en Francia: La joven y las voces

Los hermanos debían trabajar juntos para la gloria de Dios y la salvación del prójimo. Cuando se trataba de visitar una casa de Hermanas, debían estar presentes Dios y uno de los sacerdotes para guiar el rito.

Entonces los espíritus comenzaron a manifestarse con gritos y voces confusas. Uno decía que había cinco Hermanas cuya gloria y virtud eran admirables: Magdalena, Catalina de la Isla, Margarita Burles, Marta de Gazier y Luisa, la desdichada. Respecto a Ana de Bonieux, uno decía que solo tenía dolores y no estaba poseída, porque así era adecuado cuando se trataba de la gloria de Dios.

Algunas personas pedían ayuda con insistencia, y a esta joven le fue concedido lo que pedía, mientras que otros pedían y no obtenían nada, por mucho que insistieran. Uno de los espíritus dijo que preferiría estar en el cuerpo de un perro o de un cerdo antes que estar allí, y gritó a las fuerzas que lo liberaran de ese cuerpo, porque no había nada que ganar. Otro espíritu dijo que preferiría cenar en el infierno antes que probar la comida que había recibido en La Baume.

Los espíritus también discutían entre ellos: “uno dijo, otro dijo” que hubo una disputa entre Dios y ellos a los pies de santa Magdalena, y la joven escuchaba todo desde su aflicción. Uno dijo que debía explicarse a la joven lo que pretendían, usando visiones peligrosas. Dios respondió que todo provenía de Él, y que el alma de la joven estaba en paz y llena de alegría; los espíritus no pueden afectar a las almas alegres.

Dios le enseñaba que debía humillarse profundamente, considerándose como un puñado de tierra, barro o una ramita caída. Los espíritus decían que esto la haría caer en orgullo, pero Dios aseguró que su gracia bastaría para protegerla de toda vanagloria y que ella debía reconocer que todo venía de Él, y que no era nada sin su gracia.

Los espíritus comentaban que ya no era tiempo de milagros como en el pasado, pero Dios respondió que Él seguía siendo el mismo Todopoderoso y bueno, como en los tiempos antiguos. La joven no era tan excelente como las personas del pasado en los milagros, y se le enseñó que una santa es como una hormiga, pequeña y humilde ante Dios.

Finalmente, Dios mandó a los sacerdotes retirarse y guardar silencio, dejando que la joven concluyera su oración en paz. Todo esto ocurrió en presencia del Santísimo Sacramento y del superior de la casa, Juan Bautista, en un ambiente de recogimiento y reverencia.


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