La Mano del Espejo

 

Un hombre viajaba de pueblo en pueblo mostrando un espejo pulido con gran habilidad, haciendo creer a todos que en él había prodigios y maravillas. La gente se asombraba, pero lo que veían no era más que artificio, un truco que el hombre había aprendido con paciencia.

Una noche, mientras practicaba solo frente al espejo, algo inesperado ocurrió: de la superficie reflejada surgió una mano que parecía tener vida propia. Aquella mano se extendió hacia él y lo tomó del cuello, intentando estrangularlo. El hombre forcejeó, horrorizado, sintiendo que la mentira que había cultivado cobraba una forma tangible y peligrosa. Fue entonces cuando su angustia llamó la atención de un sacerdote que pasaba cerca, guiado como por un aviso del cielo.

El sacerdote llegó justo a tiempo, y con voz firme y tranquila reprendió al hombre, enseñándole que el corazón humano se corrompe cuando se busca la admiración de otros en lugar de la verdad. Le mostró que la mentira, aunque disfrazada de maravilla, puede volverse contra quien la practica. Temblando y con lágrimas, el hombre reconoció su error y renunció al engaño.

Desde ese día, dejó el espejo a un lado y aprendió a vivir con rectitud, ganándose la confianza del pueblo con honestidad en lugar de artificios. La historia quedó como advertencia: la soberbia y la vanidad pueden generar peligros inesperados, pero la corrección y la humildad siempre ofrecen salvación.

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