prodigioso san Bernardo. Movido por un fervor ardiente por la honra de Dios y por la restauración de la Tierra Santa, exhortó a los fieles a emprender aquella empresa religiosa, animado por el Sumo Pontífice, que lo constituyó guía espiritual de la expedición.
Por su ministerio se obraban hechos admirables, encendiendo los corazones de todos para salir a tan alta empresa, prometiéndose un resultado favorable bajo la dirección de aquel siervo de Dios, con señales claras de seguir el querer divino.
Fue permitido, no obstante, que ocurriera lo contrario: murieron innumerables combatientes y los ejércitos cristianos fueron vencidos, regresando con lágrimas y confusión, causando gran dolor en toda la cristiandad. San Bernardo quedó profundamente afligido, con una pena fácil de comprender.

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