Descenso al más allá y la purificación de las almas

 

Para completar nuestra visión sobre el purgatorio, conviene añadir a los tres puntos comunes de las doctrinas anteriores otros cuatro, que se hallan generalmente establecidos en la enseñanza de la Iglesia sobre este tema.

El primer punto consiste en que no debemos imaginar el purgatorio como un único lugar o prisión fija. Muchas visiones de almas místicas describen diversos lugares donde las almas deben purificarse y satisfacer por sus faltas.

Entre ellas se cuenta una visión de la beata Marina, alma contemplativa del siglo pasado, a quien los ángeles condujeron una vez hasta un río. Allí vio cuatro jóvenes que caminaban en la arena tratando en vano de entrar en el agua; otras cuatro almas estaban sumidas en tristeza y temblaban de frío; y más lejos, cuatro más se hallaban sumergidas hasta el pecho, temblando. Entonces recibió de Dios la iluminación de que aquellas eran almas que sufrían sus penas fuera del purgatorio propiamente dicho.

Otras revelaciones relatan que hay

almas que aguardan su purificación en el aire, o cerca de sus sepulcros, o junto a los altares donde se guarda el Santísimo Sacramento, o incluso en las habitaciones de quienes oran por ellas, o entre las escenas de sus antiguas vanidades y frivolidades.

Testimonio de Catalina Emmerick

Catalina Emmerick cuenta:

> “Los lugares de castigo de las almas no se hallan en un solo sitio. Los encuentro muy diversos, y debo pasar de un lugar a otro, atravesando siempre regiones turbias y pesadas, lo cual hago en oración por las almas. Recuerdo a los santos que me acompañan sus sufrimientos y los ofrezco, junto con los padecimientos de Jesús, a Dios por ellas.”

Los lugares donde se encuentran las almas, dice, varían según sus estados: como jardines, depósitos, mundos de privación, necesidad, dolor, angustia y pena. En muchos lugares las almas están muy juntas, y allí hay gran aflicción. Algunas se hallan más profundas y sombrías, otras más elevadas y luminosas.

Las almas que en vida estuvieron unidas, solo permanecen juntas si necesitan purificación del mismo grado. Hay lugares donde espíritus malignos las atormentan y las espantan; estos son los más terribles, y podrían confundirse con el infierno si no fuera por la conmovedora paciencia que las almas demuestran en medio de su sufrimiento.

Es imposible expresar la alegría y el consuelo que experimentan los justos cuando un alma es liberada. Catalina vio cómo algunas, al ser liberadas, ascendían a estados más puros. Algunas podían caminar y comunicarse con otras, recibiendo consuelo. Grandes gracias reciben aquellas que pueden aparecerse para pedir ayuda y oraciones.

También vio lugares de purificación para almas que en la tierra fueron canonizadas, pero que al morir aún no habían completado su santidad. Durante la celebración de misas ofrecidas por ciertas almas, observó cómo almas oscuras y abandonadas se acercaban al altar diciendo, como hambrientas:

> “Hace tanto que no hemos sido alimentadas.”

Y añade:

> “El dejar de cumplir las fundaciones destinadas a misas por las almas es una crueldad indescriptible y un robo contra los más pobres de los pobres.”

La relación entre la purificación y el consuelo

El segundo punto es que el grado de purificación y la capacidad de consuelo de las almas guardan proporción con la expiación realizada. Todo depende de la disposición del corazón.

Dios salva a todos los que conservan aún una chispa de buena voluntad.

Aquellos que alcanzan una profunda contrición, confiesan sinceramente y mueren con confianza en los méritos de Cristo, se hallan en una condición mucho más favorable para expiar sus faltas y recibir ayuda de la Comunión de los Santos, que aquellos que vivieron y murieron en tibieza, sin aceptar corrección, sin amar las obras de penitencia y sin reconocer su propia vanidad, aunque no hayan cometido grandes pecados.

Si además en tal estado de alma permanecen culpas graves apenas confesadas o mal comprendidas, esas faltas influirán no solo en el grado de su pena, sino también en su capacidad para recibir el auxilio de la Iglesia y de los fieles. Antes deben satisfacer plenamente la justicia divina.

Los méritos de los santos, y sobre todo la pasión y muerte de Cristo, ofrecidos a Dios de diversas maneras por las almas, les van otorgando poco a poco la disposición para su liberación.

A menudo son también consoladas por los ángeles.

Una comparación terrenal

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Catalina Emmerick explica que se puede tener una imagen clara de este estado si se piensa en una institución de disciplina y corrección perfectamente ordenada, en la que todo corresponde con justicia a las faltas de los que allí están.

Si se suprime la distancia corporal entre las personas y se comprende que uno puede obrar por otro y en otro, se obtiene una idea de la expiación y redención que allí tiene lugar.

El alma en pena es como un miembro enfermo de un cuerpo: no puede hacer más que sufrir; pero si los nervios y venas que la unen con el resto del cuerpo no están muertos, su sufrimiento se comunica al todo, y los demás miembros sienten compasión y buscan liberarla.

Así como en las prisiones terrenales solo se puede llegar a los reclusos por mediación, súplica o pago de deudas, y solo se puede hablar con los más profundos a través de una reja o un muro, también aquí ocurre algo semejante. Pero, mientras que en la tierra todo está mezclado de injusticia, aquí todo es justicia perfecta en lo que se hace por consolar y ayudar.

Es la diferencia entre el oro de la tierra y el que vale ante Dios.

Una visión de ayuda a las almas

En otra ocasión, Catalina fue llevada en espíritu hacia almas que sufrían, pero no podía acercarse del todo:

> “Deseaba consolarlas, pero no podía. Era una madre con dos hijos. La madre se hallaba muy profunda, y no podía llegar a ella. Su voz era débil y confusa. Los hijos estaban en otro círculo, y a ellos sí podía acercarme. Uno de ellos parecía estar allí solo de visita. Cuando intentaba llegar hasta la madre, sentía que me hundía, que mi peso me lo impedía. Ofrecí oraciones y dolores por ellas, pero no lograba acercarme. Vi entonces un reino oscuro y extenso, un mundo de niebla lleno de círculos.”

Allí comprendió que las almas se hallan en condiciones de privación y sufrimiento que brotan necesariamente de sus imperfecciones y faltas terrenas.

Solo se puede llegar a ellas mediante gracia, mediación, oración, obras buenas, méritos de los santos y alguna virtud viva en su propio ser.

Catalina hizo muchos esfuerzos por entender y ayudar a aquellas almas, pero siempre encontraba un obstáculo. Finalmente rogó a la Virgen María Marcos que la acompañara, y gracias a sus méritos pudo acercarse más a las almas que sufrían.

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