El sacerdote tentado y la lección de la mujer arrepentida”

un sacerdote fue asediado insistentemente por una mujer que lo buscaba para hacerlo caer en pecado. Viéndose acosado, decidió marchar a París para dedicarse al estudio. Allí progresó mucho en la ciencia y en la devoción, y luego regresó a su tierra.

Pero apenas volvió, la mujer lo persiguió con más fuerza que antes. Como el sacerdote no lograba librarse de sus tentaciones, la llevó un día a la plaza pública y le dijo delante de todos:

—Ya que me insistes tanto, prepárate a pecar conmigo aquí, en presencia de todos.

La mujer, sorprendida le dijo qué no y el le respondió;

donde estuve aprendí tres lecciones importantes. La primera, que debo temer más a Dios que a los hombres. Por eso, no pecaría en público, ni mucho menos delante de Dios que todo lo ve. La segunda, que debo guardar mi pureza para Dios, al cual se la ofrecí, y si la entrego cometo sacrilegio, hurto, traición al voto y me entrego al demonio por un momento de placer. Y la tercera, que el pecado causa escándalo en los demás, confusión en la comunidad y me lleva a la condena eterna.

Al oír estas palabras, la mujer se arrepintió de su conducta, hizo penitencia y cambió de vida. Y tanto ella como el sacerdote llevaron después una vida santa hasta su muerte.

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