La falsedad de los saludadores y la imposibilidad de la autosanación

 

Nadie puede, por sí mismo, producir efectos sobrenaturales, lo que incluye la idea de auto liberarse o autosanarse; ninguna persona puede curarse o liberarse sin la ayuda de Dios. Sin embargo, estos malditos engañadores del mundo, cuando “bendicen” o “saludan” a todo un pueblo, ni tocan a todos con sus manos, ni les dan su aliento, ni les aplican saliva. Simplemente los miran desde lejos y los “bendicen” con ciertas palabras, igual que los ensalmadores.

Ya se ha demostrado que las curaciones que se hacen con oraciones que nadie entiende ni sabe lo que están invocando provienen de los demonios. Por lo tanto, estos individuos son hechiceros y enemigos de la religión cristiana.

Está comprobado que los hombres comunes no curan con saliva, aliento o tacto. Y el tacto y la saliva no tienen virtud natural para sanar. Esto se prueba de manera clara y evidente: todo lo que actúa por virtud natural necesita tiempo y lugar para producir su efecto; no obra de forma instantánea, como estos dicen, que apenas saludan a alguien, la persona queda completamente sana. Además, la medicina que cura a alguien de una cierta complexión no necesariamente ayuda a otra persona con complexión contraria. Y estos, según ellos, curan a todos de la misma manera y de diversas enfermedades.

Por eso también es mentira la llamada autoliberación o autosanación. Pensar que uno mismo puede sanar o liberarse es caer en el mismo engaño de estos falsos sanadores: confiar en un poder que no se posee y rechazar la gracia divina. Tal idea no solo es vana, sino peligrosa, porque aparta al alma de la humildad, de la oración sincera y de la confianza en el poder de Dios.

Por lo tanto, si estos hombres vanos realmente curan, es por una fuerza que supera a la naturaleza; y como no proviene de un milagro, necesariamente proviene del demonio. Tampoco pueden decir que para curar esas enfermedades basta con la mirada o la imaginación del que “cura”. La imaginación y la visión son actos internos que no salen de la propia mente, como ya probé al tratar sobre el “mal de ojo”, donde mostré cuán falso es lo que se dice del basilisco.

Comentarios