“Guillermo Lurano: El pastor de Poitiers y su pacto con el diablo (1453)”

En el año 1453, en Poitiers, Francia, Guillermo Lurano, pastor protestante, era conocido por predicar en iglesias mientras secretamente había hecho un pacto con el diablo. En numerosas ocasiones, de noche, fue llevado junto con otros hechiceros a lugares lejanos para adorar al diablo, quien unas veces se le aparecía en forma de macho cabrío y otras con apariencia humana.

En su confesión quedó asentado que, al ingresar por primera vez en el pacto infernal —del cual existía un verdadero instrumentum obligationis, con promesas y compromisos mutuos—, el diablo lo obligó a enseñar y predicar públicamente que todo lo que se decía, enseñaba y predicaba sobre la hechicería y la magia no era más que fábula, mentira y necia invención, y que nadie debía creerlo. De este modo, el diablo recibía un enorme servicio, y gracias a la autoridad de Lurano como supuesto pastor, su reino podía alcanzar un mayor crecimiento.

Según Spizelius, citando a Bodin, este proceder tuvo tanto éxito que en muchos lugares fue aplaudido, incluso se cancelaron y levantaron las penas contra brujos y brujas, y la influencia y número de hechiceros en Francia aumentó considerablemente. En algunos lugares se establecieron escuelas de magia, donde se enseñaban las reglas del “Estado diabólico” y las artes mágicas bajo el título de conocimientos secretos y ocultos.

Lurano, muy ambicioso y deseoso de estudios superiores, había recibido un pequeño libro con diversas invocaciones al diablo. Tras leer algunas de ellas, el demonio se le apareció en forma de maestro y le prometió enseñarle todas las ciencias en poco tiempo, asegurándole que obtendría el grado de Magíster en Artes en cuatro años y el de Doctor en Derecho tres años después.

Como única recompensa, el diablo le pedía que, en sus conversaciones con amigos, mencionara de vez en cuando que el diablo no era tan negro ni el infierno tan ardiente como lo pintaban los sacerdotes; que muchas predicaciones eran invenciones de los clérigos, predicadas solo para asustar al pueblo y lograr su obediencia política.

Con el tiempo, los sacerdotes de la zona comenzaron a escuchar que Lurano, en sus prédicas, negaba la existencia del diablo y de la brujería. Alarmados, se reunieron para rezar por él y pedir su liberación. Pronto comenzaron a notarse síntomas extraños: Lurano sufría convulsiones, y durante esos episodios se manifestaban los demonios, revelando su verdadera naturaleza y quién era en realidad.

Fue entonces cuando los sacerdotes se dieron cuenta de que Lurano estaba poseído por el demonio. Reconociendo su situación, él mismo buscó la ayuda de los sacerdotes para su liberación, iniciando un proceso de exorcismo y oración que permitió enfrentarse a la influencia demoníaca que lo había mantenido bajo control.

Mientras tanto, muchas personas comenzaron a abandonar la Iglesia católica y acudir a la congregación de Lurano. Él prometía riquezas y salvación sin sacrificio, lo que atrajo a numerosos seguidores que buscaban bienestar material y espiritual sin esfuerzo, aumentando su fama y la influencia de su ministerio.

A partir de este caso de Guillermo Lurano se reconoce cómo el diablo primero se introduce entre personas entendidas y, mediante su influencia, logra afectar también a los simples. Incluso aquellos que no están en un pacto abierto con él pueden, mediante su astucia, servirle de manera secreta.



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