La caída de Lucifer y su furia contra el mundo

Lucifer, al no haber conseguido su deseo de reinar en el cielo —pues quiso igualarse a Dios y fue arrojado por su soberbia— ahora, desde la tierra, intenta levantar cabeza y recuperar algo del poder perdido. Actúa como un toro furioso que, al haber sido vencido en la plaza, sale del ruedo encendido en rabia, deseando encontrar contra quién descargar su ira.

Así está Lucifer: lleno de cólera por haber sido expulsado del cielo, y viendo que le queda poco tiempo, se lanza contra la creación de Dios. Por eso San Juan escribe en el libro del Apocalipsis, capítulo 12:
“¡Ay de la tierra y del mar! Porque el demonio ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que le queda poco tiempo.”

Sabiendo que no puede herir directamente a Dios, Satanás se vuelve contra la imagen de Dios: el ser humano. Persigue a la Iglesia —representada en el Apocalipsis como una mujer— e intenta destruir todo lo que refleje la obra divina. No pudiendo vengarse del Creador, busca manchar su creación. Por eso se dedica a tentar al hombre, para que peque y ofenda a Dios, llevándolo así a la perdición.


2. La tentación de Eva y el origen del pecado

Adán y Eva vivían en el Paraíso, en un estado de inocencia y gracia. Dios les había dado todo, con una sola condición: no comer del fruto de un árbol prohibido, el árbol del conocimiento del bien y del mal.

Lucifer, buscando cómo destruir esta armonía, decidió tentar al ser humano. No se atrevió a dirigirse primero a Adán, sino que aprovechó un momento en que Eva se alejó de su esposo para pasear por el jardín. Tomando la forma de una serpiente, se acercó a ella y le preguntó:
—¿Por qué les prohibió Dios comer de este árbol?

Eva respondió con lo que Dios había dicho:
—Porque si lo hacemos, podríamos morir.

El demonio, viendo que ella dudaba un poco, insistió con astucia:
—No morirán en absoluto. Dios les dijo eso solo para asustarlos. En realidad, sabe que si comen de ese fruto, se les abrirán los ojos, conocerán el bien y el mal, y serán como dioses.

Eva, influenciada por esas palabras y viendo que el fruto parecía bueno, deseable e inofensivo, comió de él. Luego fue donde Adán y lo convenció también, con insistencia, de que comiera. Él, por no disgustarla, cedió.

Así entró el pecado en el mundo: por la desobediencia del hombre a Dios, seducido por el engaño del demonio.


3. El triunfo del demonio y la desgracia humana

En ese momento, los demonios celebraron con gran alegría. Habían logrado lo que tanto deseaban: hacer caer al ser humano y convertirse en los gobernantes del mundo corrupto. Habían vencido al señor de la creación, y según la enseñanza del apóstol Pedro (2 Pedro 2:19), el que es vencido se convierte en esclavo del vencedor.

Mientras tanto, la humanidad tenía todas las razones para llorar. El hombre había ofendido a Dios, había perdido su estado de inocencia, y con su pecado había corrompido toda la naturaleza humana. Por culpa del pecado, entraron en el mundo la muerte, las enfermedades, el sufrimiento, el dolor y todos los males, tanto físicos como espirituales.

Por eso el santo Job maldecía el día en que fue concebido, lamentando haber nacido en un mundo herido por el pecado.


 Dios llama al hombre caído

Mientras Adán y Eva estaban en esta situación, he aquí que sintieron venir al Señor Dios. Era después del mediodía, cuando descendía a tomar cuenta de lo ocurrido. Al oír su voz, se llenaron de temor y, avergonzados por lo que habían hecho, corrieron a esconderse debajo de una higuera —árbol más frondoso que otros— intentando cubrirse. Sentían vergüenza de su desnudez, y por eso hicieron unas coberturas con hojas de higuera.

¡Oh ignorancia humana! ¡Cuán débiles y ridículos son los remedios que buscamos para males que no tienen solución humana! Así de inútil es querer tapar con hojas una culpa tan profunda.

Entonces el Señor llamó:
—Adán, ¿dónde estás?

Adán respondió:
—Señor, oí tu voz y tuve miedo, y me escondí porque estoy desnudo.

Y el Señor le preguntó:
—¿Y quién te dijo que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol que te prohibí?

Adán, en lugar de confesar humildemente, buscó culpar a otro:
—La mujer que me diste por compañera me dio del fruto, y yo comí.

Entonces el Señor se dirigió a la mujer:
—¿Por qué hiciste esto?

Y ella respondió:
—La serpiente me engañó, y comí.

Visto todo esto, y hallada la raíz de la culpa, el Señor habló al demonio, que se hallaba dentro de la serpiente, y le dijo que, así como por medio de una mujer había entrado el pecado en el mundo, también por medio de otra mujer sería quebrantada su cabeza. Y que por el hijo que nacería de ella (refiriéndose a Cristo), serían remediados todos los males causados por el pecado.

Así, junto con las justas penitencias impuestas a los pecadores, Dios los consoló con la esperanza del Redentor que habría de venir, para que no desesperaran.

Luego, el Señor los vistió con pieles de animales, no solo para cubrir su desnudez, sino como símbolo de su condición mortal y caída. Después mandó a los ángeles que los expulsaran del Paraíso y los enviaran de vuelta a la tierra de donde fueron tomados, su lugar de origen.

Finalmente, puso un querubín con una espada de fuego a la entrada del Paraíso, para impedir que Adán volviese a entrar y tomase del árbol de la vida.


Comentarios