siendo fray Benevenuto cocinero, un día, por estar en oración, se olvidó de preparar la comida para los frailes. Llegada la hora, al recordarlo, se entristeció y fue a la cocina, y halló que los ángeles habían guisado la comida por él. Dio gracias a Dios y a los santos ángeles, porque así habían suplido su falta.
Y de fray Iacopono también se dice que, en la víspera de Navidad, preparó la comida del día siguiente, pues pensaba pasarse todo el día en la iglesia en los oficios y en oración. Llegada la hora de comer, el guardián fue a ver qué había preparado el cocinero, y halló que los demonios habían quebrado y derramado las ollas y todo lo que fray Iacopono había dejado listo. Entonces lo mandó llamar, y al ver lo sucedido, angustiado, llamó a los santos ángeles. Estos vinieron, sanaron las ollas, recogieron lo guisado y lo prepararon de tal manera que hubo buena comida para todos.

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