Un perro está echado en un rincón de la carnicería. Está flaco, lleno de heridas y cubierto de moscas.
—¿Qué esperas ahí, perro? —le preguntan.
—Un pedazo de carne, un hueso que me arroje el carnicero —responde.
Cansado de estar en ese rincón, se levanta y sacude las moscas. Pero está tan débil que no puede mantenerse en pie y vuelve a echarse, solo que del otro lado. Enseguida, el enjambre de moscas lo cubre de nuevo y lo pica otra vez.
Así es el deshonesto.
—¿Qué haces ahí, en esa carnicería del diablo?
—Espero una miseria, un placer pasajero que me arroje el pecado.
Se cansa de esa vida, intenta levantarse, sacude los pensamientos impuros que lo rodean. Pero apenas lo consigue, apenas se ha confesado, cuando vuelve a caer, y los malos pensamientos lo atacan de nuevo.

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