Trabaja el demonio contra los obedientes, a veces por ensuciar sus cuerpos con feos humores, otras veces por hacerlos duros de corazón, mal sufridos, secos, infructuosos, amigos de comer y beber, perezosos para la oración, tentados del sueño y cerrados de entendimiento. Para que viéndose así (como gente que no.
"Algunos frutos se dan en el instituto de la obediencia, los cuales, al estar en este estado, sufren la pobreza y la sequedad, debido a una singular dispensación de Dios. Esto les da un gran motivo para la humildad profunda. Muchas veces, el autor de estos engaños fue vencido por sufrimiento y paciencia. Pero, al ser vencido este enemigo, inmediatamente se levanta otro con una tentación contraria a esta. He visto a muchos obedientes, devotos, alegres, abnegados, estudiosos y fervorosos, quienes con la ayuda de Dios habían alcanzado esto y vencido muchas batallas. A estos les acometieron los demonios, diciéndoles que ya estaban dispuestos y capacitados para ir a la soledad, donde podrían llegar a la cima de la más sublime y suave quietud. Y, convencidos por este engaño, dejando un puerto seguro, se embarcaron en alta mar. Y, como les faltaba un piloto que los guiara, una tempestad los sorprendió, y, sin rumbo, fueron tragados por el mar y perecieron. Es necesario que el mar se agite, se turbe, y se ensucie, para que luego sea limpiado y purificado. Igualmente, es necesario que el alma pase por muchas tempestades para ser ejercitada y fortalecida."

Comentarios
Publicar un comentario