un hombre dotado de gran discernimiento espiritual,

 


El gran Eutimio, un hombre dotado de gran discernimiento espiritual, poseía una extraordinaria capacidad para percibir el estado de las almas. Un día, observó a Emiliano, un monje bajo su guía, y se dio cuenta de que había caído en fornicación. Eutimio percibió un hedor espiritual emanando de él y notó que el demonio comenzaba a atormentarlo. Entonces, reunió a los monjes y les dijo: "Ved aquí a Emiliano, que desde la niñez ha guardado inocencia, y ahora, por negligencia, ha caído. Estad atentos, vosotros en él". Los monjes oraron por Emiliano, y el demonio lo dejó en paz.

Además, Eutimio tenía la habilidad de observar las almas y sus estados internos. En una ocasión, notó que uno de sus discípulos, un hermano cercano, había perdido su pureza habitual. Cuando le preguntó qué había hecho, este respondió: "Nada, solo comí un poco más temprano". Eutimio, sabiendo el impacto de las pequeñas faltas, propuso que ambos ayunaran durante dos semanas. Después de esto, el alma del hermano recuperó su pureza original, lo que mostró cuánto daño pueden hacer las pequeñas transgresiones.

Eutimio también tenía una profunda capacidad para leer el corazón de las personas. Cuando los hermanos acudían a él en busca de consuelo, les revelaba sus vicios y las virtudes en las que destacaban, indicando cómo podían vencer sus debilidades y perseverar en el bien. Los hermanos quedaban asombrados por la precisión con la que describía sus estados interiores.

Con una luz celestial única, Eutimio era capaz de discernir las disposiciones espirituales de quienes se acercaban a comulgar. Advertía a unos sobre pensamientos carnales, señalaba dudas ocultas en otros, y exhortaba a todos a hacer penitencia antes de recibir el Sacramento. En una ocasión, ante la acusación de dos mujeres por vivir en pecado y comulgar, Eutimio oró fervientemente y, al examinarlas espiritualmente, vio que sus almas estaban limpias, pues habían hecho penitencia. Eutimio incluso veía en los rostros de las personas el estado de sus almas: los blancos representaban a los justos, los negros a los deshonestos, y los bermejos a los iracundos y murmuradores, confirmando su capacidad de discernimiento con revelaciones angélicas.


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