Declamación Católica por las Almas del Purgatorio


Se dice que la angustia que padecen las almas en el Purgatorio es mayor que todas las penas que se experimentan en el mundo. Así lo defienden el Maestro de las Sentencias (IV, dist. 20), Suárez, Paladano, y muchos otros, en términos rigurosos de teología.

La mayor tristeza y aflicción que sufren estas almas es verse privadas, aunque sea temporalmente, de la visión de Dios. Este dolor de separación solo puede ser comparable con el deseo intenso de poseer ese bien supremo.

Algunos podrían preguntarse si las penas de sentido, es decir, los sufrimientos físicos que padecen, disminuyen de algún modo su deseo vehemente de alcanzar el bien eterno. Esto podría parecer razonable si recordamos que, en este mundo, cuando una persona sufre un dolor intenso, toda su atención se centra en aliviar ese dolor, sin pensar en otra cosa. Sin embargo, en el caso de las almas del Purgatorio, el razonamiento es diferente.

Sobre el dolor en el Purgatorio

El Padre Francisco Suárez señala: "La magnitud de la tristeza en el Purgatorio proviene de la grandeza del bien perdido y del ferviente deseo de recuperarlo." Aunque estas almas sufren penas enormes, toleran esos dolores con gran conformidad y amor divino, lo que no les impide extender su deseo hacia la posesión del cielo. De hecho, su amor por Dios aviva aún más ese deseo.

En la tierra, los dolores intensos afectan el cuerpo, perturbando los humores, los espíritus vitales, e incluso la razón, de modo que solo se puede desear la liberación inmediata del sufrimiento. Pero las almas en el Purgatorio no tienen un cuerpo que las limite, y por tanto, sus tormentos no oscurecen su razón ni impiden que comprendan plenamente lo que han perdido: la visión de Dios.

Desde el instante en que el alma se separa del cuerpo, conserva el conocimiento claro de los atributos divinos (bondad, justicia, santidad y omnipotencia), que comprendió perfectamente en el juicio particular tras su muerte. Este conocimiento perpetuo alimenta en ellas un deseo vehemente de alcanzar a Dios, un bien sumo y eterno.

La tristeza del Purgatorio según Suárez

El teólogo Suárez también explica que este sufrimiento del Purgatorio proviene de una tristeza profunda:

1. Por la pérdida temporal de la visión de Dios: Saben que no pueden disfrutar, por un tiempo, del bien supremo.

2. Por el fervoroso deseo de poseerlo: Este deseo intenso agrava su dolor.

Por ello, las almas experimentan una tristeza vehemente, pues entienden plenamente lo que han perdido y lo ansían con todas sus fuerzas.

La gravedad de su sufrimiento

Podemos intuir la magnitud de este desconsuelo al considerar los títulos que tienen estas almas:

1. Son hijas de Dios.

2. Heredan el Reino de los Cielos.

3. Son esposas del Señor.

Todo esto les fue revelado en el juicio particular, cuando comprendieron que murieron en estado de gracia y amistad con Dios. Saben que, aunque ahora no pueden perder la salvación, tampoco pueden poseerla completamente hasta que sean purificadas.

Pensemos, por ejemplo, en la pena de un hijo noble que es apartado de la presencia de su padre, privado de ver su rostro y de estar junto a él. ¿Qué mayor tristeza puede haber que la de un hijo que desea estar en la casa de su padre, pero se encuentra alejado de ella?


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