Un día llegó santa Catalina de Siena a la iglesia tarde, y como no hubiesen puesto Hostia para que comulgase, el ángel le trajo del altar una de las partículas que el sacerdote había partido. Al echarla de menos el sacerdote, se inquietaba y no la pudo hallar, andaba triste. Entonces, santa Catalina le dijo:
—¿Por qué andas triste?
Le contó lo acontecido. Ella se rio y le dijo:
—No tengas pena, que Cristo sabe valerse y librarse de todo peligro.
Al final, entendió que el ángel había comulgado con ella y se sosegó.
Historia de Pedro Damiano:
Pedro Damiano, siendo muchacho, halló un real, y como pasasen por su corazón muchos pensamientos sobre qué haría con él y en qué lo emplearía, al final mandó decir una Misa. Así se pacificó de la inquietud que el dinero le daba.

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