san Francisco, quien tenía una oración tan eficaz y extraordinaria que muchas veces, mientras estaba en los campos, tenía necesidad de aferrarse a los robles y hayas para no ser elevado por el ímpetu de su oración. Además, fray Gil era muchas veces transportado por la dulzura de la contemplación, hasta el punto de que sus sentidos quedaban enajenados en éxtasis.
San Gregorio de Nápoles solía entrar de noche en la iglesia a orar, y cuando lo hacía, las puertas se abrían solas. Después, al salir, las puertas se volvían a cerrar. Un clérigo lo observó y oyó voces celestiales dentro de la iglesia, que glorificaban a Dios junto con él. Al salir de la iglesia, los ángeles le abrían nuevamente la puerta. Tras su muerte, su cuerpo quedó tan hermoso que parecía estar destinado para la gloria.
Relato de Macario
Vinieron dos jóvenes a Macario y le pidieron ser recibidos como monjes. Él los aceptó y les dijo: “Haced vuestras celdas en tal lugar”. Estuvieron allí tres años. Luego, Macario deseó ver cómo procedían. Al entrar en silencio, los vio postrados a sus pies, y después de orar, le hizo una señal al más joven para que saliera. Este salió sin hacer ruido y continuó su labor hasta el mediodía.
Luego, el joven menor entró y, tras hacer la señal, preparó la mesa con tres panes, sal y agua, y comieron. Al caer la tarde, Macario les dijo que quería quedarse esa noche con ellos. Pusieron una manta en un rincón para él, mientras que ellos se acostaron en otro rincón. Después de cantar los salmos, Macario se acostó y oró a Dios, pidiéndole que le mostrara el estado en que se encontraban. Pensando que Macario dormía, ellos se levantaron, oraron y la celda se iluminó como si fuera mediodía, aunque ellos no lo veían. Sin embargo, Macario sí lo vio.

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