El Padre Mario, refiere un
caso fatal de una doncella, que, estando componiendo sus adornos profanos a la vista de un espejo, se le aparecieron en el
cristal cuatro demonios horrendos, los cuales le apretaban la cabeza; y, teniendo sus manos llenas de suciedad, le lavaban
la cara y los pechos. Viendo esto la joven profana, cayó en tierra como muerta, y se levantó tan desengañada que renunció al mundo ya todas sus vanidades, y acabó
sus días con ejemplarísima vida.

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