La Unción de los enfermos no es un sacramento sólo para aquellos que están a punto de morir. Se considera un momento oportuno para recibirlo cuando el fiel empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad o vejez. Si un enfermo que recibió la unción recupera la salud, puede, en caso de nueva enfermedad grave, recibir de nuevo este sacramento. En el curso de la misma enfermedad, el sacramento puede ser reiterado si la enfermedad se agrava. Es apropiado recibir la Unción de los enfermos antes de una operación importante. Lo mismo se puede aplicar a las personas de edad avanzada cuyas fuerzas se debilitan.
Solo los sacerdotes (obispos y presbíteros) son ministros de la Unción de los enfermos. Es deber de los pastores instruir a los fieles sobre los beneficios de este sacramento. Los fieles deben animar a los enfermos a llamar al sacerdote para recibirlo. Además, los enfermos deben prepararse para recibirlo en buenas disposiciones, con la ayuda de su pastor y de toda la comunidad eclesial, que se invita a acompañar especialmente a los enfermos con sus oraciones y atenciones fraternas
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