"La Lucha contra la Tentación: Unión de Invocación y Acción"

 


Ahora sabrán por qué tantos caen vencidos en la tentación, aun cuando en ella invocan a Dios, y es porque no añaden a esa invocación la acción. Gritan al aire, pero no castigan al cuerpo; mueven la lengua, pero no las manos. Y una guerra que afecta tanto al cuerpo no se vence solo con palabras; es necesario poner manos a la obra y al arma. Ya sea el arma de la disciplina, pues se combate contra un vicio tan gigante; ya sea el arma de un cilicio que frene al enemigo, que es la carne; o el arma del ayuno, que priva al adversario de sustento. Quien, después de invocar a Dios y castigar el cuerpo, aún salga vencido, tema por su capacidad de continencia y elija el estado del matrimonio.

Lo dicho queda sellado con la etimología de la castidad, que proviene del verbo "castigar". En prueba de ello, los antiguos la simbolizaban con una castaña rodeada de su erizo, acompañada de esta inscripción: castrum fructum cutis aspera servat (el castillo de la piel áspera protege el fruto). Que esta reflexión sirva para discernir la voluntad de Dios

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