Del Río refiere que había en cierta parte una doncella que vivía recogida, muy dada a la oración y a la frecuencia de los sacramentos. Sin embargo, su confesor no parecía estar muy ejercitado en cosas del espíritu ni en guiar almas, o, si lo estaba, ella no le comunicaba sus experiencias, ni le descubría los secretos de su espíritu y las revelaciones que tenía, o no quería seguir su consejo. Todos estos son caminos para ser engañado por Satanás y perderse.
A esta desventurada la acometió este enemigo, transfigurado en ángel de luz, y con falsas revelaciones la persuadió y le hizo creer grandísimos disparates. Entre otras cosas, le dijo que era igual en méritos a Nuestra Señora, y que solo le faltaba concebir y parir quedando doncella. Pero si perseveraba en el servicio de Dios y en la perfección, alcanzaría aquella merced. ¡Oh, engaño estupendo, hecho a medida del entendimiento de una mujer! La desventurada lo creyó y quedó convencida en su entendimiento de que no tenía necesidad de confesarse, y así cada día recibía la sagrada comunión.
Finalmente, un día, como solía, se preparaba para comulgar, pidiendo a Dios que le concediera la merced prometida a Nuestra Señora. Estando así, oyó una voz que le dijo: "Amada mía, ten buen ánimo, que pronto tendrás fecundidad con virginidad. Confía, porque serás preñada por obra de Dios". Tras estas palabras, se le apareció Satanás como un ángel del Señor, se juntó con ella y tuvo acceso carnal. Al volver a su casa, la miserable comenzó a notar que su vientre crecía.
Estando en este estado, la desdichada le reveló su situación a un ciudadano rico y honrado de aquella ciudad, y le contó la historia de su milagrosa preñez.La doncella, convencida de su "preñez", suplicó al ciudadano que le permitiera dar a luz en un rincón secreto de su casa. El prudente ciudadano, aunque no creía en la ficción ni tenía por buena la supuesta revelación, decidió permitirlo para evitar que, si la negaba, la reputación de la mujer se viera afectada, y para que el caso no cayera en boca de herejes, que podrían burlarse tanto de la mujer como de nuestra fe. Así, le permitió esperar el parto en su casa.
Llegó la hora, y la desventurada comenzó a sufrir dolores, no de parto, sino de muerte. Finalmente, en lugar de dar a luz a una criatura humana, parió un gran montón de gusanos vellosos, de tan horrible figura que causaban espanto a quienes los miraban, y exhalaban un hedor tan terrible que nadie podía soportarlo. De aquí se deduce que, debido a su gran soberbia, fue engañada por el padre de las mentiras, Satanás.

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