Una mujer, profundamente afectada por los celos, comenzó a sospechar de su esposo al verlo rezar el Salmo Miserere, un salmo que David compuso para pedir perdón por su adulterio. Convencida de que la elección de este salmo no podía ser casual, pensó que su marido lo rezaba porque también había caído en la infidelidad. Sin embargo, su desconfianza no se detuvo allí. Cada vez que escuchaba a su esposo repetir el salmo, su mente la llevaba a imaginar que no solo había cometido adulterio, sino que lo había repetido. Este caso, tan revelador de la fragilidad humana, fue narrado por el devoto Padre Schoter .

Comentarios
Publicar un comentario