En la historia de San Cenobio se relata que una viuda noble y rica crió a sus dos hijos con muchos lujos y sin disciplina, lo que llevó a que, en un momento de frustración, los maldijera. Al instante, aparecieron dos demonios que hicieron que los hermanos se atacaran mutuamente con tanta violencia que no había forma de separarlos. Los encadenaron y ataron con grillos, pero no fue suficiente; al no poder alcanzarse, empezaron a lastimarse a sí mismos con sus propios dientes. La causa de todo esto fue la madre impaciente, y fue San Cenobio quien milagrosamente calmó la tormenta furiosa.

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